Los límites ante los castigos infantiles

Los límites ante los castigos infantiles

Escrito por: Sacra    29 septiembre 2014     2 Comentarios     2 minutos

A fin de educar a nuestros hijos en muchas ocasiones tenemos que recurrir al castigo. Lo de emplear la violencia ya ha quedado atrás, pero existen otros aspectos que pueden resultar casi tan negativos como éste, y son los chantajes emocionales o imprimir sensación de culpa en sus tiernos corazones.

El castigo es una de las medidas que seguimos utilizando los padres para intentar educar a nuestros hijos de una forma efectiva. Afortunadamente las formas han cambiado y ya hay ciertos aspectos que no se practican, incluso están penalizados por la protección al menor. La violencia sólo genera violencia, por eso debemos ser más cuidadosos e inteligentes a la hora de imponer una sanción a nuestro pequeño, al que, al mismo tiempo, debemos educar para que comprenda ciertas normas y límites que son fundamentales en la convivencia.

Pero también es cierto que, más allá de la violencia física, también existe otro tipo de violencia que es la psicológica y que tanto daño puede hacer en el crecimiento emotivo de nuestro bebé. Por eso debemos contemplar ciertos aspectos para evitarlos y no utilizarlos nunca.

Quitarle la comida es uno de los castigos más generalizados sin darnos cuenta que caemos en un grave error. Comer es vital para el ser humano y el tener hambre nos vuelve agresivos y hostiles. Mejor quítale algo más superfluo como las golosinas o el postre de chocolate.

No le niegues el cariño nunca. Es fácil decirle “si te portas mal no te voy a querer”, estas palabras calan hondo en el niño e irá creciendo lleno de inseguridades y con la sensación de no merecer que se le ame.

Nada de chantajes afectivos. Como en el caso anterior, es sencillo decir aquello de “¡Cuánto me haces sufrir!” o “No me quieres”, estos mensajes empujan al niño a crecer con un arraigado sentimiento de culpa, un lastre que será difícil de soltar.

No le hagas sentir que es malo. Es importante separar la reacción o el hecho concreto en el que se merece una regañina, a su comportamiento y su forma de ser en general. Hay que hacerle comprender que eso que ha hecho en este momento no está bien y por ello se merece un castigo, pero nunca ahondando en que es un niño malo-malísimo y que todo lo que hace está fatal.

Vía | Mi bebé y yo
Foto | República


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