7 febrero 2012 Desarrollo, Padres y madres

La agresividad es consecuencia y no origen de los azotes
En público todos tenemos muy asumido que los azotes no son un método educativo, que no solucionan nada y que solo hacen daño al niño. Pero parece que en privado las cosas son diferentes, según un estudio de la Universidad de Carolina del Norte, el 80 por ciento de los preescolares en Estados Unidos reciben azotes.

Una revisión de 20 años de estudios sobre el castigo físico en los niños, publicado en CMAJ, concluye que “prácticamente sin excepción, estos estudios hallaron que el castigo físico se asocia con mayores niveles de agresión contra los padres, los hermanos, los pares y los cónyuges”.

Los autores señalan que, además de la mayor agresividad de los niños que reciben azotes, también hay una relación con problemas de salud mental como ansiedad, depresión y abuso de las drogas y el alcohol. Además según estudios recientes con neuroimágenes, el cerebro de los pequeños podría verse alterado en zonas relacionadas con el rendimiento en pruebas de cociente intelectual y que aumentan la vulnerabilidad y la dependencia a las drogas o el alcohol.

Los autores constatan que muchos padres creen que la conducta agresiva de los menores es la que causa los azotes y no al revés, pero Ron Ensom, uno de los coautores afirma que, “Es verdad que los niños que son más agresivos tienden a recibir más golpes, pero el castigo no reduce su agresividad, sino que la agrava”. Añade que, “Cuando los padres de niños agresivos reciben instrucción sobre cómo reducir su uso de los azotes, y lo hacen, el nivel de agresividad de sus hijos baja. Y cuando los niños que tienen el mismo nivel de agresividad al inicio del estudio reciben seguimiento durante varios años, los que reciben azotes tienden a volverse más agresivos con el tiempo, mientras que los que no los reciben tienden a volverse menos agresivos.

Pero Mary Alvord, psicóloga clínica infantil con un consultorio pediátrico en Rockville y Silver Spring, Maryland, considera que el estudio debería haber ido más allá, “Con frecuencia, los padres se sienten impotentes en esas situaciones, y quieren que sus hijos capten el mensaje de que lo que hicieron estuvo mal. Así que no intento sermonear a los padres, sino explicarles que hay muchas cosas eficaces que pueden hacer, como castigar al niño enviándolo a su habitación

Estaría de acuerdo con la psicóloga si no fuera por el dato del principio, el 80 por ciento de los padres no sabe que el azote es perjudicial, y en España un delito.

Vía | Healthfinder
Foto | Flickr-Ann_blair2003

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