22 febrero 2009 Consejos, Desarrollo, Salud, Seguridad

Niño durmiendo
A partir de los dos años y sobre todo cerca de los tres, los bebés pueden comenzar a sufrir pesadillas y terrores nocturnos. Son parasomnias que no indican ningún trastorno psicológico o psiquiátrico. Son muy frecuentes hasta los seis años de edad, y normalmente desaparecen del todo en la adolescencia.

Cuando el bebé es pequeñito, no es raro oirle llorar o reir unos segundos mientras duerme. Si vamos a verle, estará placidamente dormido. No son más que ensoñaciones y no necesita nada puesto que ni siquiera se ha despertado.

Las pesadillas son malos sueños que suelen despertar al niño. Se levanta asustado, gritando o llorando. Se producen en la segunda mitad de la noche y el niño recuerda lo que le ha despertado. Tendremos que tranquilizar al pequeño e intentar hacerle ver que lo que le asusta no existe. Están relacionadas con episodios de su vida que le han causado ansiedad. Evitando esas situaciones, normalmente se acaba con las pesadillas.

Los terrores nocturnos suceden a las dos horas, aproximadamente, de acostar al niño. El pequeño grita, llora o habla muy asustado, con los ojos abiertos, las pupilas dilatadas e incluso con sudor frío. No reconoce a los padres ni escucha lo que le dicen porque está profundamente dormido. Por suerte cuando despierta no recuerda nada de lo ocurrido. Se recomienda no despertar al pequeño, abrazarle e intentar calmarle y mantenernos tranquilos. Durará unos minutos y se volverá a dormir casi de inmediato.

Cuando los terrores nocturnos se convierten en habituales se puede aplicar la técnica de los Despertares Programados. Se anota durante una semana la hora a la que ocurre el despertar y el tiempo desde que el niño se durmió. Así podremos saber en que momento va a suceder y despertaremos al niño unos 15 minutos antes. Hay que despertarle completamente. Esa noche, una vez que se vuelva a dormir, no tendrá ningún episodio de terror nocturno. Si se repite la técnica durante 30 días, el trastorno puede desaparecer completamente.

Hay que garantizar la seguridad del niño si se levanta de noche. Proteger las escaleras, quitar objetos de su camino, asegurar puertas y ventanas, etc. Se recomienda que los niños tengan una rutina de sueño. Irse a la cama a la misma hora, dormir suficientes horas, actividades tranquilas antes de acostarse y obviamente evitar las películas o los cuentos de terror.

Vía | AepapMás información | Psicólogo escolar

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