3 abril 2017 Embarazo, Salud

tabaquismo pasivo y embarazo

Si hablamos de tabaco y embarazo, enseguida comprendemos que son dos términos totalmente incompatibles. Una embarazada que mantenga este mal hábito a lo largo de la gestación, se arriesga a tener un bebé con graves problemas de salud. Pero a veces olvidamos que inhalar el humo del cigarrillo, incluso aunque no se consuma directamente, es suficiente para que se produzca una importante alteración en el desarrollo del bebé. Y así lo demuestra la ciencia en un nuevo estudio reciente.

Un grupo de científicos de la Universitat Roviera i Virgili, de Tarragona, ha demostrado como los bebés cuyas madres habían estado expuestas al humo del tabaco a lo largo del embarazo, presentaban una serie de factores que afectaban a su desarrollo cognitivo, con respecto a aquellos otros bebés que habían crecido en el vientre materno en un ambiente libre de humos.

Bebés más nerviosos, irritables y sobreexcitados

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron las muestras de 158 mujeres embarazadas a lo largo de todo el embarazo, comprobando cuales eran su consumo, en cuanto a tabaco, alcohol y otras drogas, no sólo su consumo directo, si no también en el ambiente en el que vivían o se relacionaban. Una vez nacieron sus hijos, se realizaron distintas pruebas para ver el desarrollo cognitivo de los bebés, a lo largo de distintas etapas, desde el nacimiento hasta que cumplieron 30 meses.

El resultado fue que aquellos bebés cuyas madres habían fumado o respirado el ambiente del tabaco durante el embarazo, presentaban una mayor irritabilidad, tensión muscular y una excitación más pronunciada que el resto. La respuesta podría estar en que, según los investigadores, no ha madurado su sistema nervioso convenientemente.

tabaquismo pasivo

La nicotina también afecta en el desarrollo del lenguaje

Otras carencias que descubrieron fue en el desarrollo del lenguaje. Al parecer los niños de madres fumadoras o fumadoras pasivas, al llegar a los 12 y 30 meses, presentaban mayor dificultad a la hora de hablar, incluso en el balbuceo, la vocalización o discriminación de los sonidos.

La nicotina, que es el elemento principal del tabaco, queda impregnada en el torrente sanguíneo de la madre, traspasando la placenta y provocando distintos daños en el bebé, entre ellos en el desarrollo de su sistema nervioso. También se descubrió que no existía diferencia entre aquellas madres que presentaban altas dosis de nicotina en sangre, ya fuera porque consumían tabaco ellas mismas o vivían rodeadas de un ambiente lleno de humo, convirtiéndose en fumadoras pasivas.

El estudio también demuestra que aquellas embarazadas fumadoras que dejaron el tabaco durante el primer trimestre, se equipara su salud, y la de su hijo, a aquellas otras que no habían fumado nunca o lo habían dejado antes de la gestación.

Vía | Sinc
Fotos | Salud 180 y Doctissimo

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