4 enero 2010 Libros, Ocio

poemamanitas

Muchos han sido los poemas que de Gabriela Mistral, poetisa chilena y Premio Nobel de Literatura, hemos transcrito en nuestro espacio dedicado al mundo de la infancia. Canciones de cuna o de Navidad han llenado nuestro mundo virtual con enorme dulzura. Y es que esta mujer, a pesar de no haber tenido hijos nunca, dedicó gran parte de su vida a su labor de maestra, haciendo de los niños su particular paraíso cotidiano.

Con grandes dosis de ternura y mucho de sabiduría emocional, la gran poetisa, nos adentra en un mundo mágico donde cada pequeño gesto o cada pliegue de su cuerpo se convierte en motivo suficiente como para dedicarle lo mejor de sus versos. Este es el caso del poema que hoy nos ocupa donde toda la atención la reciben las frágiles y dulces manos de los niños.

MANITAS

Manitas de los niños,
manitas pedigüeñas,
de los valles del mundo
sois dueñas.

Manitas de los niños,
que hacia el árbol se tienden,
por vosotros los frutos
se encienden.

Y los panales llenos
se vierten y se hienden.
¡Y los hombres que pasan
no entienden!

Manitas blancas, hechas
como de suave harina,
la espiga por tocaros
se inclina.

Manitas extendidas,
manos de pobrecitos,
benditos los que os colman,
¡benditos!

Benditos los que oyendo
que parecéis un grito,
os devuelven el mundo:
¡benditos!

Poema | Gabriela Mistral
Imagen | Reynalandia

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