2 mayo 2009 Desarrollo, Lactancia, Recién Nacido

lactancia

La boca de nuestro bebé ya se encuentra equipada para poder sacar de forma correcta la leche del seno materno. El interior de sus labios no se encuentran totalmente lisos, cuentan con pequeños relieves que encajan de modo perfecto con las rugosidades que aparecen en las areolas y los pezones.

Para terminar el excelente mecanismo de alimentación, cuando el bebé mama, la cavidad bucal se mantiene herméticamente cerrada, provocando un vacío que hace más fácil la succión y no permite que nuestro bebé trague mucho aire al alimentarse.

Esos cachetotes o mofletes que amamos de nuestros hijos, no son otra cosa que una gran acumulación innata de grasa que cumple un importante rol en la lactancia. A través de ellos los bebes crean una depresión en su boca a la hora de tomar el pecho y gracias a ella, la producción de leche materna recibe el mejor estimulo posible, adaptarse a sus necesidades.

Luego de unas semanas de vida, nuestros hijos ya pueden coordinar perfectamente la acción de respirar y la de tragar.

Cuando recién nacen pueden respirar y tragar al mismo tiempo. La razón es que su laringe se encuentra aun en una posición suficientemente elevada para que haya una gran distancia entre la traquea y el esófago. Gracias a esto el bebé no sufre riesgos de atrancarse en los primeros intentos de mamar.

Luego que pasa un tiempito, la laringe desciende a su posición definitiva, porque el bebé ya aprendió a coordinar la acción de tragar y respirar. A partir de este momento, el bebé cuenta con la capacidad de pasar a otra fase de desarrollo, cuando la laringe ya está ubicada baja, el bebé puede formar diferentes sonidos y empieza la etapa del balbuceo.

Fuente | Revista Ser Padres Hoy

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