25 julio 2017 Educación, Padres y madres

Bebé nadando en la piscina

El entorno vital de nuestro bebé, antes de nacer, es el agua. El líquido amniótico se convierte en el paisaje perfecto en el que desarrollarse durante esos nueve meses en los que goza de la tranquilidad de nuestro vientre. Por eso no es extraño que la mayoría de bebés, nada más nacer, acepten de buen grado sus inmersiones en el agua. Los baños diarios, en brazos de mamá y papá, se convierten en algo más que una función necesaria para el aseo, sino en todo un placer que les evoca sus primeros latidos.

Sin embargo, a medida que van creciendo y tomando contacto con la realidad que les rodea, y sus peligros, pueden desarrollar ciertos temores que, a priori, nos pueden resultar casi inexplicables. Uno de ellos es el miedo al agua. Es como si su mente le advirtiera que ese no es su entorno natural y que, por lo tanto, le puede resultar hostil. De la actuación que tengamos los padres para ayudarles a superarlo, dependerá su relación con ella.

Algunos consejos para superar el miedo al agua

  • La relación que mantenemos con nuestro hijo es fundamental para superar ciertos baches en su desarrollo. Si tenemos una relación de confianza, complicidad y sinceridad, será mucho más fácil que se deje llevar por nuestros consejos. Nuestras palabras, serán para él, la guía más fiel.
  • Nosotros somos su reflejo. De nada sirve que le estemos inculcando los beneficios de un buen baño si nosotros presentamos una actitud temerosa a la hora de introducirnos en la piscina, por ejemplo. Nuestros hechos son los que determinan la superación, mucho más que las palabras.
  • No es bueno tener miedo, aunque sí respeto. El miedo nos paraliza e impide hacer muchas cosas que resultan positivas para nuestro crecimiento, sin embargo la falta de temor, en su justa medida, puede acarrear graves consecuencias. Es necesario enseñar al niño a tener respeto por el agua y ser cauteloso cuando se esté en ella. Disfrutar de un buen baño pero con las medidas de precaución adecuadas.
  • Paso a paso y despacito. Si nuestro peque tiene miedo y, de primeras lo queremos meter en la playa, con toda su inmensidad, o en una piscina olímpica, lo único que vamos a conseguir es una monumental pataleta. Mejor empezar por un espacio más pequeño como puede ser una piscina hinchable en la que hay poca agua, para así, y conforme se va acostumbrando, ir buscando espacios más grandes.
  • bebé en la playa

  • Mejor si el agua está tibia. Dependiendo la hora en la que hayamos decidido tomar un baño, así nos encontraremos la temperatura del agua. Generalmente, en las piscinas, mucho mejor hacerlo por la tarde. A lo largo de todo el día el agua se ha ido templando con el sol. Un golpe de agua fría en los bebés puede ser fatal para quitarle las ganas de disfrutar del agua.
  • El agua como un juego. Una vez ya hemos conseguido que el bebé entre en el agua, lo mejor es jugar con él. De esta forma asociará el baño con un momento de diversión y alegría, consiguiendo que no esté tan pendiente de sus temores ni angustias.
  • Mucha paciencia y ningún reproche. Cada niño lleva su propio ritmo y necesita de un tiempo muy particular para superar sus situaciones de pánico. No es nada adecuado que le hagamos reproches como: “mira tu primo qué bien se lo está pasando y tú aquí”, “eres un miedica” o “todos los niños se ríen de ti”. Lo único que vamos a conseguir con ello es el efecto contrario. Para la educación de nuestros hijos, en todos los aspectos, lo que más necesitamos es paciencia a raudales, y en esto no iba a ser menos. Así que ánimo y verás como, antes de que te des cuenta, tu peque estará disfrutando del agua con total naturalidad.

Fotos | Blogs hoy y GWC pics

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