15 agosto 2015 Consejos, Padres y madres

Miedo a la oscuridad

Uno de los trastornos más frecuentes que puede presentar nuestro niño durante sus primeros años suele ser el del sueño. El cambio a su dormitorio no siempre es bien aceptado, produciendo variadas complicaciones que debemos solventar de la mejor manera posible. A no ser que hayamos decidido compartir cama con nuestro bebé hasta bien entrada la infancia, debe aprender a dormir solo sin ningún tipo de problema.

Pero dentro de estos trastornos que pueden presentarse, nos encontramos con el miedo a la oscuridad. Aunque no suele ser grave y se pasa con relativa facilidad y paciencia, lo mejor es que los padres sigamos una serie de pautas que les ayuden en este proceso.

  • Es importante que no dejemos la habitación totalmente a oscuras. Una luz tenue, en cualquier rincón del cuarto, le servirá para tener una referencia y no sentirse abandonado a la negrura total de la noche.
  • Jugar a que estamos a oscuras totalmente, utilizando linternas o contando cuentos cubiertos por una manta y que hablen de lo bonita que es la noche, puede ser una buena idea.
  • Es importante que antes de ir a la cama los niños estén relajados y tranquilos. Evita las actividades excitantes, la televisión o las maquinitas de juegos, ya que ello le alterará y le costará mucho más conciliar el sueño.
  • La seguridad emocional es vital para que el pequeño deseche los miedos, sabiendo que en cualquier momento sus padres están ahí para acompañarle, acudiendo raudos cuando los llama en mitad de la noche.
  • Un peluche, una mantita, un muñeco… pueden servirle, también, como compañía nocturna, haciendo que se sientan más seguros.

Foto | Flickr – Andrea Jara Saavedra

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