24 agosto 2017 Juegos y juguetes

bebé durmiendo con su muñeco

Con la llegada de un nuevo miembro a nuestro familia, llegan también un buen número de novedades, sorpresas e increíbles enigmas que, sobre todo si es el primer bebé, nos llevará a un constante círculo de preguntas y dudas que no siempre somos capaces de resolver. La obsesión por educar perfectamente a nuestros niños, evitar que sufran o buscar la fórmula para ser los padres perfectos, nos lleva a cuestionarnos ciertos aspectos que, a pesar de ser totalmente normales y naturales, nos hacen sentirnos angustiados.

La mayoría de bebés eligen su objeto preferido durante el primer periodo de su infancia. Un mantita, un peluche, una prenda de mamá o un sonajero, se puede convertir en su compañero inseparable a lo largo de toda su niñez e, incluso, existen casos en los que se convierte en ese objeto fetiche que nos acompaña el resto de nuestra vida. Pero ¿es normal sentir un vínculo tan estrecho con un objeto?

Mayor facilidad para encariñarse

Si salimos de viaje, si el bebé se queda a dormir en casa de los abuelos o, incluso, si vamos a disfrutar un día de playa o montaña, entre los pañales, su cambio de ropita y su comida, no debe faltar su “amigo” incondicional. Especialmente en el momento de descanso, nuestro bebé nos va a pedir que le acompañe para, así, poder relajarse mucho mejor. Si se nos olvida, podemos tener un gran disgusto. Por eso muchos padres se angustian pensando que esa obsesión del niño, ligada a un objeto, no puede ser nada bueno.

Contrariamente a lo que muchos padres puedan pensar, esta “debilidad” por su compañero ideal, no es síntoma de inseguridad ni miedo. Este amigo suele ser objeto de cariño, consuelo y seguridad, algo como lo que les proporcionan papá y mamá cuando están a su lado. En él depositan sus emociones, sintiéndose más aliviados con su cercanía. Así que no es extraño que se convierta en el bálsamo perfecto, no sólo a la hora de ir a dormir, sino también cuando tiene que pasar por experiencias poco agradables: las vacunas, la visita al médico o su primer día de guardería.

Bebé con su juguete

Respeta sus deseos y cuenta con su opinión

Es importante que reconozcamos el valor de este objeto para nuestro hijo, por eso en ningún caso debemos hacerlo desaparecer. Incluso cuando pensemos que ya no le hace caso, o si le vemos demasiado mayor, o porque no nos apetece ir cargado de él a todos los sitios. En muchos casos no necesitan jugar con él o llevarlo encima, pero el simple hecho de saber que está ahí, esperándole, les da motivos para sentirse seguros. Antes de pensar en quitarlo de en medio o, incluso, de meterlo en la lavadora, pregúntale y así le evitarás un gran disgusto.

Vía | Ser padres
Fotos | Mataja y Ali Express

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