3 febrero 2017 Consejos, Salud

bebés y mocos

Una imagen que va acompañando a nuestros bebés, y hasta bien entrada la infancia, son los mocos que caen de su nariz. Aunque estéticamente nos puede parecer algo tremendo, lo cierto es que se trata de un sistema de defensa de nuestro organismo de lo más eficaz. Cuando las vías respiratorias se ven invadidas por algún “visitante extraño”, crea un escudo para evitar males mayores, es así como el moco arrastra todo lo indeseable que se encuentra en nuestro interior.

Por eso llegados estos días de frío, con drásticos cambios de temperatura y en los que los niños pueden encontrarse más vulnerables ante las infecciones, los mocos se convierten, casi, en sus compañeros inseparables. A no ser que vengan acompañados de fiebre, toses u otros problemas añadidos, podrás controlarlos, aunque siempre es aconsejable consultar con el pediatra ya que podría ser un síntoma claro de alguna alergia.

Los mocos no significa que el bebé esté enfermo

Cuando nuestro bebé nace trae un sistema de defensa inmaduro y que ha sido heredado de la madre. Es alrededor de los cuatro meses cuando nuestro pequeñín va fortaleciendo el suyo propio pero, al mismo tiempo y mientras se completa ese proceso, se encuentra casi “desnudo” ante los virus que circulen por su alrededor. Por eso suele ser más habitual de lo normal que los mocos, entonces, empiecen a aparecer.

El contacto con otros niños, la llegada a la guardería o el mismo roce con los padres, hace que acaben pillando algún que otro “bichillo”, así que su cuerpo irá aumentando y colocando sus defensas para evitar males mayores. Por eso los mocos no significa que nuestro niño esté enfermo y, por regla general, no necesita tratamiento. Si se encuentra molesto, no puede dormir bien o come fatal al no respirar adecuadamente, le podemos hacer lavados con agua salina o utilizar un aspirador nasal para dejarle las vías respiratorias libres.

aspirador nasal para bebés

El color y la textura son el mejor indicativo

Pero si los mocos, a pesar de no ser indicativo siempre de enfermedad, sí nos pueden dar muchas pistas de la batalla que está librando su organismo. Por eso dependiendo del color y la textura, sabremos si todo va bien o debemos preocuparnos. Pero ¿cómo descubrirlo?

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