
Mi bebé es: bueno, malo, simpático, reservado, huraño, desconfiado, despistado, alegre… mi bebé es un ángel o un demonio. Aunque no nos demos cuenta, o creamos que los pequeños no se percatan de nuestros comentarios, lo cierto es que son muchos los adjetivos que vamos colgando a las espaldas de nuestros niños a lo largo de su crecimiento, algo que les va a ir marcando su comportamiento y que, seguramente, afianzará su personalidad de por vida.
Las etiquetas, o esos calificativos con los que “marcamos” a nuestros hijos desde su nacimiento, son esos lastres con los que tendrá que aprender a convivir porque, al fin y al cabo, todo lo que tú digas sobre él va a ir modelando su carácter como si en tus palabras residiera la base única de su personalidad. Por eso debemos distinguir entre dos tipos de etiquetas y esas otras que se van derivando a lo largo del camino.









