4 mayo 2014 Opinión, Padres y madres

Feliz Día de la Madre

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo, de repente te das cuenta que ha pasado un año y ya estamos celebrando una vez más el Día de la Madre ¡felicidades a todas! y muy especialmente a las que os unís este año a la categoría más bonita y trascendente a la que se puede pertenecer. Enhorabuena, iniciáis un camino complicado en muchas de sus etapas pero del que nadie quiere salirse. Un maravilloso reto diario que con amor y paciencia superaréis con éxito.

Veía un documental hace unos días sobre el tiempo y nuestra percepción de él y pensé en los 8 años que han pasado desde que mi hija me convirtió en madre. Mejor dicho en los 9, porque yo me sentí mamá desde que me supe embarazada. Recuerdo lo largo que se me hizo el tiempo hasta que conseguimos un positivo en el test de embarazo. También lo lentas que pasaron las primeras 12 semanas, como volaban los días en el segundo trimestre y, la sensación de que nunca llegaría la famosa fecha prevista de parto. Como todo, llegó, y también afectó a mi reloj interior.

Los primeros meses de vida del bebé, esos en que come casi constantemente y que las noches son simples prolongaciones del día, parecen no terminar nunca. Es una etapa preciosa, de emociones y descubrimientos, pero que exige mucho física y mentalmente. De repente pasa y el reloj se vuelve loco y en lugar de correr vuela. Te despiertas un día como hoy y te das cuenta que ya no eres la mamá de un bebé y te maravillas de todo lo que ha conseguido en tan poquito tiempo.

Mi pequeñín ya tiene tres años largos y su hermana va camino de los ocho, a toda velocidad. Más rápido de lo que yo puedo organizar sus fotos y plantearme su educación. La vida me va colocando frente a nuevas cuestiones a diario y si me despisto me pasa por encima. Pese a que para mí como hija el Día de la Madre tiene poco sentido porque todos son los días de mi mamá, como madre me parece una buena idea. No penséis mal, no es por egoísmo, por los regalitos y atenciones (que agradezco de corazón), sino porque es una oportunidad para parar un momento y ser consciente de que soy madre, la más afortunada del mundo. Soy la que consuela y la que regaña, la que apoya y la que frena, la que enseña y la que aprende, la más paciente y la que antes pierde los nervios. Si lo estoy haciendo bien lo dirán ellos, pero mirándoles no veo nada que pudiera mejorarse, por lo que creo que su padre y yo al menos no lo estamos haciendo mal.

Disfrutad de vuestro día mamás, recrearos en lo afortunadas que somos.

Foto | Flickr-Gordon

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