22 julio 2013 Noticias

Niño gateando

Un grupo de investigadores buscan establecer el origen del miedo a las alturas. Para el estudio participaron bebés que ya gateaban y otros que estaban aprendiendo a hacerlo.

En los primeros meses de vida los seres humanos no tienen miedo a las alturas. Si uno observa a un bebé gatear verá que nada impedirá que lo haga, por más que se caiga o golpee seguirá con su objetivo.

A medida que pasan los meses las acciones se realizarán mostrando algo más de cautela. Un grupo de estudios se puso a analizar lo que genera ese cambio. Uno de los puntos clave es la ‘propiocepción’ (percepción visual que tiene el individuo del propio movimiento).

Los científicos encargados de analizar el tema pertenecen a las universidades de Berkeley, San Francisco, Nuevo México, de Caen Basse Normandie, Paris Descartes y de Doshisha en Japón.

La visión periférica es muy importante para el desarrollo del miedo a las alturas. Uno de los ejercicios que debieron hacer los pequeños consistía en introducir a pequeños que no gateaban en vehículos de cuatro ruedas, que se manejaban con un control similar a los de juegos electrónicos. La actividad fue realizada por tres semanas, después los bebés fueron colocados en el borde de una superficie de poco más de un metro de altura.

El latido de estos niños se incrementó a cinco por minutos, lo que demostró que estaban más ansiosos. El latido de los pequeños que no usaron los vehículos no registró ningún cambio.

En otro ejercicio los niños fueron colocados en una habitación cuyas paredes y piso se movían recreando la sensación de moverse hacia delante. Aquellos que habían usado los cochecitos retrocedieron, los que no se movieron mucho menos.

Joseph Campos, psicólogo que participó de la investigación señaló que: “Esto sugiere que el acto de impulsarse le enseña al cerebro a estar atento a lo que hay en su campo de visión periférica para ajustar su equilibrio“.

Se esta forma se puede explicar el motivo por el cual una persona que mira por una ventana de un avión no siente vértigo, pero la misma persona en un helicóptero puede sentirse mareada. La visión periférica es casi la misma todo el tiempo, solo que en el caso del helicóptero existe un mayor movimiento.

Vía | BBC
Foto | Flickr – Pablo Ospina

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