Quizá no somos tan tolerantes como decimos

Quizá no somos tan tolerantes como decimos

Escrito por: Sergio López    12 abril 2012     2 Comentarios     2 minutos

Los niños autistas son tan personas como nosotros mismos

La definición de autismo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es “un síndrome infantil caracterizado por la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas y por la necesidad de mantener absolutamente estable su entorno”. Al parecer se pretende modificar dicha definición por una menos ofensiva, algo así como “trastorno del desarrollo que afecta a la comunicación y a la interacción social, caracterizado por patrones de comportamiento restringidos, repetitivos y estereotipados”. Confiemos en que así sea.

El desarrollo del autismo infantil se puede producir desde muy temprana edad pero ya existen métodos para tratarlo (que no para curarlo). Métodos para conseguir una correcta educación y evolución en un niño con esta enfermedad. Métodos que nos permiten acercarnos a ellos como personas perfectamente capacitadas para pensar y sentir a su manera. Métodos que permiten poder aprovechar las cualidades extraordinarias que su inteligencia tiene. Métodos que hagan que los veamos como alguien más que existe en el mundo.

Llevamos muchos años escuchando que somos una sociedad flexible, una sociedad tolerante, una sociedad progresista, que aceptamos a todo el mundo, independientemente de su raza, sexo, religión, etc. ¿Es real? ¿De verdad sucede tal cual? Yo no lo creo.

Nos han vendido la exclusiva de que somos una sociedad muy avanzada que tiene talante suficiente para aceptar a todo el mundo. Sin embargo, seguimos señalando con el dedo a aquellos que nos parecen diferentes, cuando deberíamos considerarlos especiales. Apartamos a esa gente por que somos ignorantes de lo que les puede suceder, sin ni siquiera tener una pizca de interés por conocer los misterios que pueden esconder sus enfermedades.

Los niños autistas son tan entrañables como cualquier otro, se puede jugar con ellos como con cualquier otro. Y se les puede querer lo mismo que a cualquier otro. Tengámoslo en cuenta cuando queramos volver a repetir que somos una sociedad tolerante.

Foto | Sanisimo en la red


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