4 septiembre 2009 Desarrollo, Educación, Juegos y juguetes, Padres y madres

zurdo, diestro o ambidiestro

Nuestro cuerpo, físicamente, es simétrico: tenemos dos ojos, dos manos, dos piernas… pero, a medida que nos vamos desarrollando optamos, de forma innata, por utilizar con más precisión una parte de ellos. Hasta los dos o tres años vamos alternando las habilidades con ambos hasta que se establece una supremacía de una de ellas. A esta ‘preferencia’ se le llama ‘lateralidad’ y, lejos de lo que muchos puedan pensar, tiene que ver con el dominio de los hemisferios cerebrales.

Por eso, según esta realidad, nuestro niño no va a elegir ser diestro o zurdo de manera aleatoria. A medida que madura y crece se va a establecer el predominio de uno sobre el otro o, en algunos casos, de ambos a la vez. Si domina el hemisferio izquierdo, el pequeño será diestro, siendo zurdo si es el derecho el dominante. Ambos hemisferios se ocupan de diferentes labores aun estando interrelacionados, por eso, según la opción elegida, tendrán formas diferentes de aprendizaje o de manejar la realidad.

Los primeros años del bebé son cruciales para su desarrollo, por lo tanto es importante empezar cuanto antes con actividades motoras, perceptivas y sensoriales. Con ellas vamos a conseguir que el pequeño trabaje y descubra su lateralidad sin ningún tipo de presión o influencia. Algunas actividades que podemos proponerles son:

  • Localizar y situar partes de su cuerpo.
  • Conceptos espaciales mediante desplazamientos: arriba-abajo, derecha-izquierda, delante-detrás…
  • Conseguir equilibrio y coordinación en actividades motoras más complejas: subir escaleras, saltar, correr…
  • Desarrollar la destreza manual a base de manipular, amasar, recortar, coger un lápiz…
  • Conseguir una óptima coordinación de ojo-pie, ojo-mano. Para esto lo mejor son los juegos con pelotas: encestar, jugar a bolos, botar, chutar…

El proceso de laterización se completa, definitivamente entre los tres y seis años. Hasta entonces hay que respetar las preferencias del bebé, darle tiempo y dejar que, de forma espontánea, defina su natural elección. Sí que es interesante que, cuando comience la enseñanza primaria y ya se le pida el manejo de la escritura, el cálculo o la lectura, tenga definida su lateralidad, orientándolo nosotros, nunca obligándolo, a que utilice aquella con la que se siente más seguro y hábil. Y no olvidar nunca que no todas las personas somos totalmente diestras o absolutamente zurdas, sino que se puede tener lateralidad heterogénea o cruzada.

Vía | Con mis hijos

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