9 junio 2014 Educación, Padres y madres

Acabar con las rabietas

Es alrededor de los dos años cuando se pueden presentar en nuestro niño una serie de trastornos del comportamiento que pueden llegar a ser especialmente molestos. Es entonces cuando ir con él por el centro comercial, el supermercado, el parque o la biblioteca, puede resultar todo un espectáculo. Precisamente porque no acaba de dominar el lenguaje y sus necesidades se vuelven urgentes, no dudan en tirarse al suelo, berrear o patalear para conseguir aquello que quieren. Y cuanto más público tienen, muchísimo mejor.

Pero ¿existe alguna manera de solucionarlo sin demasiados traumas? Aquí te damos unas pistas que seguro que te vendrán estupendamente.

La mayoría de los papás saben cuando va a llegar ese momento y en el instante en el que se desencadena. Por eso podemos anticiparnos a ello antes de que se desencadene la gran tragedia. Evitar la tienda de chuches o juguetes, no esperar que aguante con buen grado nuestras conversaciones de adulto durante largo tiempo y tener en cuenta que puede tener hambre, estar cansado o algo malito, y eso ayuda a que esté más irritable.

Hay algunos signos de alarma que nos van dando señales de que se va a desencadenar la gran pataleta dentro de poco: ponerse rojos, fruncir el ceño o apretar los puños con fuerza, pueden ser algunas. Así que podemos desviar su atención proponiéndoles juegos sencillos o anticiparnos ofreciéndoles una recompensa, “Como te estás portando tan bien después te llevaré al parque”.

Pero si con todo esto no hemos conseguido frenar el ataque de ira sólo nos queda intentar ignorarlo. En casa nos cambiamos de habitación, en la calle evitar el peligro y hacer como que estamos hablando por teléfono, por ejemplo, en lugares cerrados lo sacamos a la calle y esperamos a que se le pase. Tenéis que pensar que en ese momento no va a escuchar, así que los razonamientos no nos sirven de nada.

Una vez ha pasado la tormenta, zanjamos el tema y no hacemos ningún comentario, por muy cabreadas que estemos. Deben saber que sólo les prestamos atención cuando hacen las cosas bien y no cuando tienen esas actitudes. Alrededor de los cuatro años esos ataques van remitiendo. Así que no nos queda más que aplicar la paciencia.

Vía | Ser Padres
Foto | Psicoblog

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