5 julio 2015 Desarrollo, Padres y madres

Bebé

Todo comenzaba hace aproximadamente tres meses. Nuestro niño ya empezaba a intentar decir las primeras palabras. A balbucear, como comúnmente se le conoce. Los dos nos quedábamos maravillados cuando, intentando esgrimir algún sonido entendible, el niño decía “agua”. No, no es que estuviera hablando de manera súbita. Simplemente, la necesidad de progreso le estaba haciendo intentar comunicarse. Aunque, claro, con apenas dos meses de vida es algo bastante difícil con sus pequeñas cuerdas vocales.

El hecho de que el bebé empiece a hablar no es algo que sucede de la noche al día. Al contrario, hay que tener mucha paciencia, y los resultados no se pueden predecir. Por lo general, la etapa pre-lingüistica, es decir, aquella en la que no hay palabras sino sonidos, balbuceos y sonrisas, dura hasta los doce meses. El niño no transmitirá sus necesidades con el lenguaje, sino utilizando lloros, letras, movimientos, etc. En definitiva, lo que tiene a su disposición y lo que puede hacer.

Durante el primer año, aproximadamente, el propio pequeño irá evolucionando de diferentes maneras: por ejemplo, intentará pronunciar su primera palabra e ir gateando. Es muy importante tener en cuenta que los niños imitarán todo lo que llegue a sus oídos y vista. Según vayan avanzando, la exactitud será mayor. Es recomendable intentar hablar con el bebé respondiendo a los balbuceos o simplemente haciendo expresiones con la cara. La relación es uno de los puntos clave.

No hay un momento exacto para que el niño empiece a decir sus primeras palabras, aunque generalmente suele ser después de los doce meses. El desarrollo es continuo, es decir, se van dando pocos pasos hasta el resultado final (en este caso, el hecho de hablar).

Qué se siente

Nosotros, como pareja, estamos es un momento estupendo en el que nos encanta ver a nuestro niño intentando hablar y moverse de forma completamente autónoma. Es evidente que no lo consigue, pero puedo deciros con total exactitud que eso de ver cómo el bebé repite silabas, se mueve y sonríe cuando se le mira es algo que no tiene precio. Momentos únicos que no se os quitarán de la cabeza. Incluso yo me río cada vez que los recuerdo.

Puedo daros varios consejos, teniendo en cuenta las experiencias que estoy viviendo. En primer lugar, disfrutad de estos momentos. Son muy curiosos y felices, y solo ocurren una vez en la vida. Se trata de meses muy duros en los que tendréis que hacer bastantes esfuerzos, pero que veréis pagados con las sonrisas y risas de vuestro niño. Por otra parte, os aconsejo que siempre correspondáis al bebé: en sus risas, en sus llantos. Demostrad que siempre estáis ahí para ayudarle, en todo lo que os sea posible.

Es muy difícil decir con exactitud lo que siento en estos momentos, aunque podría mencionar una palabra: felicidad. Momentos que recordaré toda mi vida al ver como el niño va desarrollándose, evolucionando e intentando tomar el control de un cuerpo nuevo en un mundo en el que para él todo parece completamente nuevo. La curiosidad se hará patente. Pero, claro, seremos nosotros los encargados de enseñarle todo lo que necesita. ¿Os atrevéis?

Vía | NetMoms
Foto | Wikimedia Commons – Voiceboks

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