20 diciembre 2015 Nutrición, Padres y madres

Soy Padre: Leche de crecimiento, leche para crecer

Creo que nunca olvidaré todos los meses que he estado haciendo biberones a base de leche en polvo. Eso de coger el cazo, calcular el número y calentar el contenido durante un determinado tiempo es una experiencia muy interesante. Sin embargo, el niño ya empieza a hacerse mayorcito, por lo que tenemos que adaptarnos a sus necesidades. Una de las cosas que más estamos cambiando es la alimentación. Buena prueba de ello es que está dejando atrás la leche en polvo y empezando a tomar la conocida leche de crecimiento.

¿Qué es la leche de crecimiento? Se trata de un punto intermedio entre la leche en polvo y la leche entera, es decir, la que tomamos los adultos. Antes de nada, decir que la información que encontraréis en Internet es un poco contradictoria, por lo que quiero aportar mi opinión personal. Más de una vez me he preguntado cuando le íbamos a dar al niño leche de vaca. Pues bien, al parecer, después del primer año de vida, el estómago del pequeño ya puede soportar nuevos alimentos, como el que estoy comentando en estas líneas. La leche de crecimiento no es otra cosa que leche de vaca adaptada a niños de corta edad. Se produce un acercamiento al alimento, aunque tengo que mencionar que existen muchos pediatras que afirman que a partir del año los niños ya pueden tomar la de toda la vida.

Personalmente, la leche de vaca es un alimento que me gusta mucho. La consumo a diario varias veces, por lo que siempre estoy pensando en el momento de poder dársela al niño. No obstante, mi pareja ha insistido en proporcionar primero la de crecimiento debido a que no se fía mucho de la otra. Simplemente, se la echamos en el biberón y se la damos. Y tenemos que admitir que le gusta mucho.

Adaptada para que crezca

Soy Padre: Leche de crecimiento, leche para crecer

La leche de crecimiento está adaptada para niños de entre uno y tres años. Son enriquecidas con vitaminas, minerales y ácidos grasos que permitirán que el niño crezca fuerte y sano, además de potenciar el sistema defensivo del organismo. También tiene prebióticos y probióticos, imprescindibles para que la flora intestinal se desarrolle correctamente.

Parece que todo es bueno ¿verdad? Nada más lejos de la realidad, ya que también tiene algunos puntos que se podrían considerar negativos. Según uno de los últimos estudios llevados a cabo por OCU, el valor energético de la leche de crecimiento es muy similar respecto de la leche de vaca: aproximadamente 60 kcal/100 ml. Por otra parte, puede incluir azúcares añadidos (sacarosa, jarabes de glucosa, fructosa, miel y aromas, entre otros), además de un contenido proteico más bajo que el de la leche de vaca, una menor cantidad de grasas saturadas y más ácidos grasos. Añadir que la cantidad de calcio es menor (entre 65 y 115 mg/100g) y el número de vitaminas sube. Es evidente que muchos de estos componentes los extraerá de otros alimentos, aunque hay que tener mucho cuidado con los valores. Sobre todo en lo que concierne a las marcas de menor calidad.

Es curioso que haya encontrado, en la red, todo tipo de opiniones sobre esta leche. Unas buenas y otras que dicen que el alimento no es imprescindible. En mi opinión personal, se la damos al niño porque le proporciona todo lo que necesita para crecer (y también porque no nos fiamos de darle directamente la de vaca). Por supuesto, interactúa con otros alimentos como, por ejemplo, diferentes sabores de papillas. No es solo que tome todos los ingredientes de la leche de crecimiento. Es también el hecho de que pueda ingerir lo que necesite.

La leche de crecimiento se está convirtiendo en un alimento habitual en su dieta. Eso sí, teniendo en cuenta la información que yo mismo estoy leyendo sobre sus características, es muy posible que pronto comience a tomar la de vaca. Lo que más nos importa es que el niño crezca fuerte y muy sano.

Vía | Brighton Health
Fotos | Pixabay – Ben_Kerckx | FlickR – Bradley Gordon

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