24 enero 2016 Educación, Padres y madres

Soy Padre: Controlando las rabietas más graves

Estoy seguro de que habéis escuchado la palabra rabieta en más de una ocasión. Se trata de un tema muy popular entre los padres. Nuestro niño es bastante bueno y apenas las tiene, aunque durante los últimos días hemos tenido que soportar enfados más graves de lo habitual, con gritos, lloros y lágrimas que nunca habíamos visto. Tengo los enfados más o menos controlados. Aunque, en todo caso, ha sido necesario ponerme las pilas.

Llamamos rabieta al momento en el que el niño se enfada por un motivo u otro, mostrándose irritado, con lágrimas en los ojos, gritos, y en ocasiones con llantos con un volumen bastante alto. Existen todo tipo de motivos: por querer algo, porque el niño no tiene sueño, o incluso porque no quiere comer. Sin embargo, es más que evidente que el pequeño deberá realizar una serie de actividades. De hecho, seremos nosotros los responsables de que las lleven a cabo.

Hacer frente a una rabieta puede llegar a ser complicado, aunque yo me baso en una simple palabra: paciencia. En estos casos en los que todo ha sido más grave, es muy posible que lleguéis a unos ciertos límites. Pero no os preocupéis, seguid tranquilos, asegurándoos de que el niño tiene cubiertas sus necesidades.

Rabietas graves

Soy Padre: Controlando las rabietas más graves

El problema en esta ocasión ha sido sencillo de resolver: el niño tiene unos determinados horarios, los cuales respeta él mismo. No obstante, ha llegado un momento en el que estaba despierto a altas horas de la noche. Tenía sueño, aunque no quería dormir, respondiendo con todo tipo de gritos y lloros. La única solución ha sido la de ofrecerle amor y ponernos a su disposición para que aprendiera que tenía que rendirse a Morfeo.

Podría parecer que, habiendo soportado varias rabietas, ya está todo controlado. Craso error, ya que habrá momentos en los que el niño se ponga excesivamente enfadado, incluso dando la sensación de que le sucede algo. Lo que hago es actuar con lógica, analizando su estado y, en el caso de que todo esté bien, tener paciencia y demostrarle que debe tranquilizarse. Tened en cuenta que incluso comprobará cómo os comportáis. El lenguaje corporal es bastante importante.

En esta ocasión me ha tocado vivir rabietas más graves, nada parecidas a las de hace unos meses. Menos mal que he conseguido mantener los nervios y tener la suficiente paciencia como para que el tema no se me vaya de las manos. Poco a poco voy aprendiendo más.

Fotos | FlickR – Juan Pablo Bellenger | FlickR – Mindaugas Danys

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