17 noviembre 2011 Educación, Opinión, Padres y madres

Es dificil mantener las normas con el segundo
Llevo unos días dando vueltas a las diferencias entre el primer año de vida de mi niña mayor y el de mi peque. Aunque se parecen mucho, hay algunos cambios. Somos los mismos padres, con la misma idea de lo que queremos para ellos y más o menos como hacerlo. Pero, las circunstancias han cambiado e inevitablemente hemos tenido que hacernos más flexibles.

Como ya sabéis los que nos leéis, yo me guío por mi instinto y por mi cabeza en temas como el sueño de los niños. A los dos les cambiamos a su habitación a una edad en que el cambio no les afectó. No tengo (tenemos) inconveniente en dormirles en brazos o cogerles si lloran, pero procuro distinguir entre la necesidad y el capricho. Los niños tienen que saber que hay una hora en que el juego se termina y hay que descansar. Pero, con el segundo no es tan fácil. Si la niña está dormida, no podemos dejar llorar al bebé ni un segundo. Si se despierta tendremos una noche en vela.

Para la mayor también hay cambios, el cuento ya no puede ser en la cama, tiene que respetar el sueño del peque y sabe que ahora corremos si la oímos despertarse, cuando antes le costaba algo más. Lógicamente también sabe sacar provecho de la situación. Con los juguetes éramos estrictos, solo los correspondientes a la edad. Pero ahora, salvo los que pueden ser peligrosos, que están a buen recaudo, no hay forma de evitar que el niño juegue con los de su hermana.

Otro cambio es el tratamiento de las rabietas. La mayor las tuvo a los 2 años, muy fuertes y ahora con 5, aunque más espaciadas, han vuelto. Nos mantenemos firmes en que no puede conseguir lo que quiere con una rabieta, pero su hermanito llora si la ve llorar, y se pone tan nervioso que de noche tiene pesadillas. Así que se terminó aquello de dejar fluir el enfado, hay que atajarlo cuanto antes. Pero como digo sin ceder. Lo que no tengo muy claro es si tiene menos por la edad o porque somos más permisivos y hay menos situaciones en las que luchar con gritos y lágrimas.

Son cambios pequeños, unos más importantes que otros, pero que están ahí. Darme cuenta de ellos puede ser una ayuda para no caer en el error de exigir a la mayor más de lo que debo y dejar al niño ser más bebé de lo que es. Os pasa lo mismo, ¿verdad?

Foto | Flickr-Nukamari

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