13 septiembre 2016

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Una de las prácticas que han ido cayendo en desuso es la de cenar en familia. Las prisas, la incompatibilidad de horarios o las excesivas tareas que imponemos a nuestros niños hace que ese momento tan especial haya quedado, casi, olvidado en los hogares españoles.

La cena no es sólo ese momento último del día en el que ingerimos alimentos, también es un momento de unión en el que las familias, sentados en torno a la mesa, cuentan sus avatares diarios, sus experiencias y exponen, abiertamente, aquello que les preocupa. Se trata, pues, de un momento íntimo en el que todos los miembros familiares crean un círculo muy especial en el que estrechan lazos.

Por eso resulta especialmente importante que nuestros niños crezcan viviendo esta experiencia. Pero además de la parte sentimental que se crea en torno al mundo de la familia, también existen otros beneficios que no podemos dejar pasar por alto.

Está comprobado que aquellos niños que comen con sus padres en la mesa, aprenden a alimentarse muchísimo mejor que los que lo hacen de forma aislada. Es así, junto a sus padres, como aprenden a disfrutar de alimentos tan básicos e importantes como las verduras o las frutas, nutrientes esenciales para nuestra dieta, y que tantos rechazos reciben por parte de los más pequeños.

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Otro de los pilares fundamentales para que nuestros peques se alimenten bien es animarles a que nos ayuden en la preparación de los menús. Elaborar la lista de las cenas de toda la semana nos va ayudar a equilibrar los nutrientes, ofrecer más variedad de platos e, incluso, llevar un control de gastos más ajustado. Si además les animamos a que se sumerjan en el mundo de los fogones, entonces estaremos educando a unos niños preparados para alimentarse de forma más sana.

Por eso IKEA Food nos anima a hacer partícipes a nuestros hijos en las tareas relacionadas con la alimentación, demostrando que las cenas en familia son fundamentales para su desarrollo físico y también psíquico.

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