27 abril 2009 Consejos, Educación

niño con caracter

Hay una parte de la personalidad de nuestro niño que viene condicionada por el ambiente en el que vive y en el que es educado, las experiencias que le van sucediendo y la forma en el que se le trata. Pero existe también una parte de nosotros que la traemos al nacer y que nos acompaña el resto de nuestra vida, es lo que llamamos el temperamento.

Con tan sólo un año nuestro niño ya muestra la fuerza de su carácter, por eso debemos conocer bien a nuestro pequeño para tratarlo según las necesidades de su personalidad. No es lo mismo un niño tranquilo que uno activo, por eso debemos tenerlos en cuenta de un modo distinto.

  • La actividad. Los niños muy activos necesitan espacio, tanto dentro como fuera de casa, por eso es importante reducir, al máximo, los viajes largos que les obligan a estar demasiado tiempo quietos. Debemos procurarle estímulos que los tengan entretenidos, nunca forzarles a la tranquilidad porque eso hará que empeoremos la situación. Por su parte, un niño en exceso tranquilo nos puede extrañar e, incluso, preocupar. Pero debemos aceptarle tal y como es y disfrutar de la tranquilidad que nos brinda. De todos modos, un exceso de actividad o pasividad puede ser síntoma de otros problemas.
  • Regularidad. Nos referimos a las funciones biológicas como el hambre, el sueño o las deposiciones. Los niños muy regulares nos facilitan la organización aunque puede ser un problema ante los imprevistos o los cambios de rutina. Los irregulares hay que enseñarles a llevar un ritmo, acostarles y darles de comer a una hora determinada les enseñará a saber que en la vida hay cosas predecibles.
  • Adaptación y novedad. Los niños que se adaptan fácilmente a los cambios son estupendos aunque no debemos olvidar que la estabilidad es necesaria. Para los que no llevan bien esos cambios lo mejor es hacerlo de forma gradual, como en las comidas, es mejor introducirlas poco a poco. En cuanto a las novedades, no todo los niños reaccionan igual. Según su carácter unos tienden a ser sociales, quizás en exceso, y otros a retraerse en su propio mundo. No es aconsejable presionarles, lo necesario es informarles de los cambios y de las nuevas circunstancias.

Vía | Ser Padres

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