7 febrero 2015 Salud

Una consecuencia de la fiebre

Antes de comenzar a describirte una convulsión febril debemos decirte que normalmente no tiene ninguna consecuencia mala en la salud del pequeño, también entendemos que en ese momento es normal que los adultos tengamos miedo y no sepamos que hacer.

Una convulsión es una situación en la que, de manera brusca, el pequeño comienza a tener movimientos musculares repetidos que pueden ir acompañados de pérdida de conciencia o no responde ante la presencia de estímulos o llamados.

Este tipo de convulsiones suele estar desencadenadas por fiebre. Por eso se denominan convulsiones febriles. Las convulsiones febriles son una respuesta que el cerebro tiene cuando un niños de entre 6 meses y 5 años tiene fiebre. Normalmente tienen lugar en los primeros días de fiebre.

Estadisticamente se sabe que entre un 3 y un 5 por centro de los niños la sufren. Además después de haber pasado un episodio de este tipo uno de cada tres pequeños tienen otra convulsión. Los expertos e la materia consideran que algunos niños son más propensos a sufrir este tipo de convulsiones.

Aún se desconoce las causas pero se sabe que son provocadas por una infección por virus. Cualquier infección de tipo banal con fiebre puede terminar desencadenando una convulsión febril. En algunos casos especiales es mediante la convulsión que los padres se dan cuenta que el pequeño tiene fiebre.

Entre los síntomas más comunes vemos que los niños pierden la conciencia, su cuerpito comienza a ponerse rígido y empiezan a aparecer sacudidas rítmicas de sus extremidades. Su boca se puede poner morada cerrada con fuerza y la mirada está perdida. Algunos niños en estos episodios empiezan a vomitar y se orinan. Generalmente todo este cuadro dura menos de 5 minutos, pero para los padres es una eternidad.

Cuando finaliza la convulsión el niño se queda confuso o se duerme. Los adultos, en estos casos deberemos mantener la calma, tumbar al pequeño de lado para que pueda respirar mejor y alejarlo de los objetos que contra los que pueda golpearse.

Mantener la calma y tumbar al niño de lado, sobre un costado (esto le permitirá respirar mejor) y lejos de objetos con los que pueda golpearse. No será necesario comenzar a hacer respiración artificial ni detener sus movimientos, tampoco deberemos meterle nuestros dedos en la boca ya que podría mordernos sin querer.

Después de la crisis se deberá acudir al médico para saber la causa de la fiebre, normalmente el pequeño no necesitará ser hospitalizado. En el caso de que la convulsión se repita se deberá consultar nuevamente al médico.

También se deberá consultar con un médico si la convulsión pasa después de las 24 horas de fiebre o se queja de un dolor fuerte de cabeza.

Vía | En familia
Foto | Flickr – Frank Avtla

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