24 diciembre 2009 Libros, Ocio

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Y por fin ha llegado el día en el que ya estamos inmersos en plena Navidad. Con la Nochebuena abrimos una puerta donde la tradición se cuela en nuestras casas para, de un modo u otro, hacer especial un acto emotivo que suele estar impregnado del calor de hogar familiar.

Más allá de las creencias religiosas en sus más estrictos términos, la mayoría de casas en el mundo se reúnen con la fe y el deseo de hallar paz y esperanza allá donde todo parece perdido. Por eso es habitual que en nuestros villancicos, poemas o alabanzas, se nombre, con auténtica devoción, a ese Niño-Dios por el que todos tenemos algo que celebrar. También para los poetas y poetisas es un tema de inspiración donde las musas tejen emocionados versos con los que festejar tan hermoso encuentro.

En esta ocasión vamos a conocer otro poema de Gabriela Mistral, poetisa chilena, premio Nobel de Literatura y cuya producción literaria está muy vinculada con el mundo infantil. De ella ya os hemos ofrecido algunos otros poemas, como las canciones de cuna que tanta ternura despiertan en los más pequeños de la casa. Hoy, aprovechando la inminente cercanía de la Nochebuena os ofrecemos esta hermosa composición dedicada a la Navidad.

EL ESTABLO

Al llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.

Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas dos cabritos…

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallo, y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos.

Arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un velo palpitante
sobre el recién nacido…

Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.

Y José llegaba riendo
y acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido…

Poema | Gabriel Mistral
Dibujo | Encuentos

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