12 enero 2013 Libros, Ocio

Poema: El niño y la luna
Todo gran poeta siempre tiene, asomado a su corazón, a un enorme niño que mira la vida con los ojos emocionados de la sorpresa. Es por ello que cada verso, siempre nuevo, guarda un rasgo de aquel paraíso donde la infancia campa a sus anchas, creyendo en historias fabulosas y esperando un destino brillante y hermoso.

Por eso los niños son un elemento inspirador de grandísima magnitud. Así lo vemos en este poema del poeta cubano Mariano Brull que dedicó su vida, además de a viajar constantemente por su puesto de diplomático, a la poesía. Una poesía limpia, sin más pretensiones y que buscaba, ante todo, la musicalidad. Es por esto que sus versos suelen gustar mucho a los niños ya que en ellos se encierra una dulce tonada.

EL NIÑO Y LA LUNA

Para Jorgito Mañach y Baños que, de niño, le gustaba jugar con la luna

La luna y el niño juegan
un juego que nadie ve;
se ven sin mirarse, hablan
lengua de pura mudez.

¿Qué se dicen, qué se callan,
quién cuenta una, dos y tres,
y quién tres y dos y uno
y vuelve a empezar después?
¿Quién se quedó en el espejo,
luna, para todo ver?

Está el niño alegre y solo;
la luna tiende a sus pies
nieve de la madrugada,
azul del amanecer;
en las dos caras del mundo
—la que oye y la que ve—
se parte en dos el silencio,
la luz se vuelve al revés,
y sin manos, van las manos
a buscar quién sabe qué,
y en el minuto de nadie
pasa lo que nunca fue…

El niño está solo y juega
un juego que nadie ve.

Poema | Mariano Brull
Foto | LeEr

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