7 diciembre 2009 Consejos, Desarrollo, Opinión, Padres y madres

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Cuando un niño elige su objeto de consuelo, éste suele ser una mezcla de mamá (que también lo abraza), de sí mismo, de su cama…. Cambiarlo e incluso lavarlo, puede ser considerado alta traición por el pequeño propietario, que lo que espera de su objeto preferido es que no cambie en este mundo tan cambiante en el que vive

Su elección no responde a criterios de belleza o utilidad. Suele ser, eso sí, un objeto suave y es posible que su olor inicial juegue algún papel importante, ya que el olfato es unos de los sentidos más desarrollados durante el primer año.

Hay una forma de influir en su elección y es hacerle una propuesta apenas nace. El día a día del pequeño está plegado de tensiones cotidianas que su peluche favorito lo ayuda a afrontar.

Muchas personas desconfían de los objetos de consuelo. Piensan que los chicos se vuelven dependientes, pero no se dan cuenta de que la relación que mantienen con ellos es de transición y que los ayudan a controlar la ansiedad que se dispara con cualquier novedad. El resultado de sacar del medio esos objetos de consuelo es la búsqueda desesperada de otros medios para tranquilizarse. Y quizás no sean tan benignos. Es idílico pensar que un chico con la fuerza y el equilibrio de su mente de uno o dos años, va a afrontar solo todo lo que venga.

La interpretación es el problema: ¿el chico depende del objeto? No, ese objeto es un medio que lo ayuda a ser independiente de nosotros. Y poco a poco con el tiempo, cuando encuentre otros métodos para controlar su ansiedad ante las novedades o los malos ratos, irá dejando aparte su osito preferido o su mantita.

Casi siempre es el chico el que empieza a olvidarse de su amigo. Un día, sin darse cuenta, se va a la guardería y lo deja en la cama. Es una buena señal. Quiere decir que esté encontrando otros métodos para controlar su ansiedad. Quizás tiene un amiguito en la sala que le sirve de apoyo o ha diseñado una nueva estrategia más intelectual, menos física para hacer frente a las dificultades.

Vía | Ahora Mamá

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