20 septiembre 2017 Salud

Bebé con mocos

Estar en las puertas del otoño es como entrar en una montaña rusa en la que nunca sabes qué temperatura va a hacer durante el día. Si bien por las mañanas refresca, y también al caer la tarde, a lo largo del día el calor puede llegar a tales cotas que nos parece haber vuelto al verano. Nos abrigamos, nos quitamos ropa. Sudamos, tenemos frío. Y si hablamos de niños, entonces, la locura puede ser total, mucho más si son bebés que no pueden expresar su malestar con esos cambios bruscos en el termómetro.

Pillar un resfriado en esta época es de lo más normal, así que no puede extrañarnos que nuestros niños aparezcan, de un día para otro, con los desagradables mocos colgando de su nariz, y si además van a la guardería, entonces con mucho más motivo. Ármate de paciencia y, a no ser que sea algo realmente grave, los mocos le van a acompañar hasta bien entrada su infancia.

Los mocos: sistema de defensa frente a la infección

Hasta los cuatro meses, más o menos, nuestro bebé está protegido por las defensas que le hemos proporcionado durante el embarazo a través de la placenta. Pero, a partir de ese momento, y mientras madura su sistema inmunológico, es más vulnerable a cualquier infección que venga del exterior. Por eso es más habitual que nuestro bebé tenga mocos.

No debemos olvidar que los mocos es el sistema de defensa que utiliza el organismo para arrastrar cualquier tipo de infección que se haya colado en nuestro interior. La mayoría de virus o bacterias, que circulan por el aire, son inhalados a través de la nariz o la boca, irrita las mucosas y crea esa secreción para expulsar al invasor. Por lo tanto, tener mocos es positivo, frenar su producción es contraproducente, a no ser que se trate de una enfermedad mucho más grave.

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Consultar siempre con el pediatra

Si los mocos son claritos y no representan ninguna molestia para el niño, no es necesario tratarlos. Sólo si el color es más oscuro o el bebé se encuentra molesto, no duerme bien, pierde el apetito… entonces podemos darle algún medicamento que le “desatasque”, siempre consultando previamente con su pediatra.

Los tratamientos farmacológicos recomendados son los antihistamínicos cuando hablamos de moco claro, y los mucolíticos si el moco es más espeso. Pero lo más efectivo y menos dañino para nuestro peque son los lavados nasales con suero fisiológico o agua marina. También resulta efectiva la aspiración nasal para sacar los mocos cuando están más agarrados a la nariz. Sin embargo hay situaciones en las que no son recomendables aplicar estas terapias: si tiene vegetaciones o al bebé le duelen los oídos. Por eso el que mejor te puede aconsejar es siempre tu pediatra.

Vía | Mi pediatra online
Fotos | Good Wp y Mucho baby

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