1 septiembre 2009 Consejos, Desarrollo, Opinión, Padres y madres

niños cocinando

Todos fuimos niños y sabemos que no es lo mismo jugar que ver cómo juegan los demás. Por esta razón para que los chicos se interesen por la gastronomía hay que dejar que participen. Allí tocarán diferentes texturas, experimentarán sabores diferentes, verán cómo cambian de color los alimentos al cocinarlos y aprenderán qué ingredientes hacen los platos dulces o salados.

También es bueno que ayuden a contar las cucharadas de aceite o azúcar que necesita un plato o explicarles el motivo por el cual hierve el agua cuando se la lleva al fuego. Pero también debemos estar preparados para contestar a sus millones de preguntas. Su curiosidad puede ser inagotable…. Como su apetito.

Cuando un niño llega a los tres años de edad ya pueden tener una motricidad fina lo suficientemente desarrollada como para manipular pequeños alimentos y ayudar a elaborar casi cualquier plato. Debemos tener siempre presente que lo que pueda ocasionar un peligro o sea más complicado deben hacerlo con nosotras. Por tal motivo, chuchillos horno, fuego, sartén y ollas son sólo cosa de adultos. Sí podrán realizar tareas sencillas como lavar la fruta que luego cortará el adulto para preparar una rica ensalada de frutas.

Además ya tienen la capacidad de realizar algunas tareas que requieran un poco más de destreza, como rebozados, cortar lechuga con los dedos, mezclar alimentos en un bol, aplastar papas hervida para elaborar n puré o encargarse de poner la mayonesa a algún reparado.

Es muy normal que en sus primeras intervenciones gastronómicas terminen todos sucios, y está muy bien. Porque no se trata de permanecer limpios sino de disfrutar de lo que se está haciendo.

Para hacer las cosas más fáciles también se pueden comprar artículos de cocina especiales para chicos, como rodillos más pequeños y livianos, recipientes irrompibles o moldes en tamaño mini.

Otra idea buena es que antes de meternos con ello en la cocina podemos llevarlos dar una vuelta por el mercado. En ese lugar se les puede enseñar de dónde sale todo lo que comen. La pechuga viene de un pollo entero, la salsa se vende en latas, de esta forma asociaran las materias primas con los platos que comen a diario y se darán cuenta que lo que compramos en el supermercado pasa por un proceso de elaboración, que empieza en la naturaleza.

Fuente | Ahora Mamá

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