5 febrero 2009 Embarazo, Noticias, Nutrición, Salud

Mamá comiendo
Hace un tiempo leí la noticia, el feto puede percibir los olores y sabores de la comida ingerida por su madre. Esto quiere decir, según el presidente del Congreso Nacional de Nutrición Comunitaria, el doctor Aranceta, que el niño se decantará preferentemente por los alimentos que consumió su madre en el embarazo. Le gustarán más las frutas y verduras o las hamburguesas según la dieta que tuvo su mamá durante la gestación.

No pretendo llevarle la contraria al doctor, pero lo he observado en mi hija y en nuestro caso no se cumple. Debemos ser el error que tiene toda estadística. Durante el embarazo seguí la dieta indicada por mi ginecólogo, prácticamente a raja tabla. Me la salté en algunos alimentos que se me hacían insoportables. Cosas del embarazo.

Cuando en la dieta indicaba verdura, la consumía, pero lógicamente solo la que me gusta. Eso no incluye el brocoli, verdura favorita de mi hija. No probé las salchichas porque no estaban en la lista, pero sí en la de la comida que no quería ni ver, estando embarazada. A mi hija le encantan. No son anécdotas, puedo hacer una lista muy larga. Nunca he sido buena comedora y además tengo alguna alergia alimentaria que por suerte no ha heredado mi niña. O no se ha manifestado de momento. Es curioso que uno de los pocos caprichos que me concedí en esas 40 semanas, la nocilla, a mi niña no le guste.

La alimentación de los niños hay que cuidarla. Ofrecerles todo tipo de alimentos para que se habituen a los sabores y texturas. Acostumbrarles a comer sano y de todo. Lo que les ponemos en el plato es lo que condicionará el tipo de dieta que sigan.

Ya sabemos la importancia de una dieta sana y equilibrada, especialmente durante el embarazo. Si realmente afectará a la alimentación futura de nuestros hijos, habrá que tomarlo más en serio, si cabe.

Vía | El País

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