20 agosto 2009 Educación, Opinión, Padres y madres

Lecciones de crianza

Leo todo lo que puedo sobre bebés, niños y paternidad, no sólo porque tenga una página en blanco que rellenar cada día, principalmente porque me gusta y para intentar aprender y hacerlo lo mejor posible. En general, rehuyo las lecciones sobre como debe criarse a un hijo, pero cada vez es más dificil. Por todos lados encuentras comentarios sobre lo que debes hacer, lo que debes evitar y las increíbles ventajas de tener una u otra actitud.

Pocas veces se tiene en cuenta el carácter del niño, sea tranquilo o inquieto, sensible o fuerte, buenazo o rebelde, hay que tratarle igual. No se puede gritar al niño para no traumatizarle, el castigo de moda es sentarle de cara a la pared, si son pequeños hay que tenerlos en brazos siempre que quieran para que no sientan que los abandonas, o lo contrario, hay que dejarle que llore incluso aunque vomite, algo que puede provocar él mismo, según opina algún sabio.

A los padres tampoco nos dejan tener personalidad. Si has sido nervioso toda tu vida será mejor que te abstengas de ser padre, no vaya a ser que un día grites a tu hijo. Si eres tranquilo ¡cuidado!, puede que estes poniendo en riesgo su estabilidad emocional, por no correr a calmarle en cuanto se queja. Olvídate de ser tú mismo y vete al psiquiatra a que corrija los defectos de tu caracter. Es muy curioso que no se valora en absoluto la educación que uno mismo ha recibido de sus padres. Ellos estaban equivocados y los nuevos gurús de la maternidad lo saben bien.

En los 60 y 70 las familias con un sólo hijo eran las menos, lo normal era tener hermanos. Si echamos un vistazo a algunos de esos hermanos o incluso a los nuestros, es muy fácil comprobar la influencia del carácter de cada uno. Los mismos padres, las mismas normas, la misma educación y cada hijo es diferente. Probablemente tengan la misma escala de valores, pero no la misma manera de encarar la vida. Alimentados con la misma leche, cada uno tiene un cociente intelectual, cada uno tiene un historial clínico y un cuerpo diferente. Educados en el mismo lugar, cada uno tiene un expediente escolar con un resultado distinto en la vida adulta. Nacidos del mismo padre y la misma madre y unos son optimistas y los otros no ven otro color que el negro. Distintas personas, distintos intereses y modos de vivir.

En lugar de aprender de lo que hicieron bien, nos esforzamos por corregir lo que creemos que hicieron mal. Somos capaces de darles instrucciones a los abuelos sobre como cuidar al niño, después de que nos hagan el favor de ser nuestras niñeras. Consideramos un cachete como maltrato ¿porque es como nos sentimos los que recibimos alguno?. Nos atrevemos a cuestionar su modelo de crianza, olvidando que somos quienes somos, en grandisima medida, gracias a ellos. Lo que no impide saber que no eran perfectos.

Los tiempos cambian, ahora hay más información, pero también hay más niños maleducados, por no decir delincuentes, hay más madres deprimidas por no cumplir las expectativas, hay más casos de obesidad infantil, etc. Es cierto que también hay mayor calidad de vida, pero eso se lo debemos a la ciencia, no a los criadores.

En cualquier caso, prefiero cometer los errores de los abuelos de mi hija que hacer caso a los autoproclamados expertos en crianza. Ya conozco el resultado de lo primero y no me disgusta (no es vanidad, hablo de nuestros hermanos). No obstante, es sólo mi forma de verlo, como acostumbramos a decir por aquí, en la variedad está el gusto, o para gustos los colores.

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