19 febrero 2009 Educación, Nutrición, Padres y madres, Salud

bebe comiendo sandía

Durante el primer año es cuando se producen los cambios más importantes en la vida de nuestro bebé. En pocos meses los hábitos alimentarios cambian totalmente, pasando de la exclusividad de la leche materna o preparada, al sistema propio de alimentación de los adultos. Es un momento crucial para educar a nuestro niño en el placer de la nutrición que, a partir de entonces, lo acompañará toda su vida. Si somos capaces de ofrecerle estímulos suficientes para disfrutar de una ingesta variada y rica, tendremos adultos sanos que, además, gozan con el placer de la comida.

El bebé entre cuatro y seis meses empieza a tomar zumos de frutas, caldos claritos y purés vegetales. Los mejores ingredientes suelen ser la zanahoria, el puerro, la patata, las judías verdes. Más adelante se les van sumando otro tipo de verduras, así como el pollo o la ternera desgrasada. Aquí es donde viene, además del cambio en los sabores, olores o colores, el cambio en la textura. Lo que antes era líquido ahora empieza a ser espeso.

Unido a esta apertura alimentaria, nuestro bebé, al mismo tiempo, empieza a experimentar los primeros síntomas de independencia. Le gusta tocar la comida, ensuciarse, distraerse… por eso es vital que nuestra paciencia se fortifique ya que, de estos primeros encuentros nutritivos, pueden venir posteriores hábitos más o menos importantes.

Entre los ocho y nueve meses es cuando se suele introducir el huevo, el pescado blanco y el yogur. Entre los nueve y doce empiezan a conocer el mundo de las legumbres secas tales como lentejas, garbanzos o judías. Se amplía, también, la variedad en el pescado y en la carne. Hay que tener muy en cuenta que nuestra criatura, como ser libre que es, también tiene sus propios gustos alimentarios y, quizás habrá nutrientes que rechace desde el primer día. Y, por supuesto, y más allá de estos pequeños y leves consejos, está la figura imprescindible de nuestro pediatra que es el que, siempre, ha de velar y darnos las pautas a seguir para conservar la salud de nuestro niño.

Fuente | “La alimentación infantil” de Assumpta Miralpeix (Plaza y Janés, 2002)

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