22 junio 2009 Desarrollo, Opinión, Padres y madres

hermanos

No hay nada más enriquecedor para un bebé que tener un hermano mayor; ya que tendrá la posibilidad de imitar todos sus movimientos y sus expresiones. Repetirá rituales de los que ni siquiera sabrá su significado (como taparse los ojos para jugar a las escondidas) o aprender juegos verbales, trucos y gestos típicos del juego.

Pero también aprende que si su hermano juega con un objeto que es peligroso y, por ejemplo, se pincha, se hace daño.

El hermano mayor es un elemento sociabilizador importantísimo que fortalece los lazos afectivos entre ambos, además de significar una ayuda inestimable para los padres a la hora de criar al pequeño de la familia.

Cuando juegan juntos, sobre todo si son juegos algo activos, siempre existe el riesgo de que el pequeño lleve las de perder. Al fin y al cabo, tiene menos equilibrio, es más “frágil” y el mayor al tener más fuerza tiende a abusar de ella y de su posición de mayor. Pero jugar con él tiene más beneficios que inconvenientes y, en último caso, la responsabilidad de los que pueda pasares siempre del adulto, que debe vigilar y dictar las normas del juego para evitar accidentes.

Por ejemplo, tiene que dejar muy en claro delante de ambos que el pequeño no es un juguete que no se lo puede agarrar del cuello, ni empujarlo ni tratarlo bruscamente.

Y si, como es habitual que suceda, ocurre algún percance y el pequeño termina llorando, no debemos alarmarnos, ni darle demasiada importancia y menos que menos retar en forma excesiva al mayor o evitar que vuelvan a jugar juntos si lo desean.

Fuente | Única Mi Bebé

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