12 diciembre 2017 Desarrollo, Padres y madres

Besos y caricias al bebé

El mundo de los bebés es todo un misterio para el propio ser humano. Por eso son muchos los estudios e investigaciones que se realizan en torno a la etapa del embarazo, y primeros años de nuestros niños, para determinar en qué medida afecta el mundo que les rodea con su vida de adulto. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se centran en su parte física, aquella que se relaciona con su estado de salud, obviando esa otra parte que compete a su mundo emocional.

Precisamente, centrándose en ello, y por primera vez en la historia de la ciencia, se ha realizado una investigación que revela que la falta de besos y caricias a nuestro bebé trastorna sus genes, dejando una huella imborrable de por vida.

El contacto con los padres altera la composición molecular del bebé

Se trata de un estudio realizado en la Universidad British Columbia, junto al British Columbia Children’s Hospital Research Institute, de Canadá, y que ha sido publicada en la revista científica “Development Psychopathology”. En él se ha comprobado como la falta de cariño, las caricias y los besos que no recibimos durante nuestra primera infancia, son determinantes, no solo para la formación de nuestra personalidad o manera de desenvolvernos socialmente, sino también para nuestra estructura genética.

Al parecer la clave está en el contacto que el bebé mantiene con sus padres, ya que dependiendo de la cantidad y calidad del mismo, se puede ver alterada su composición molecular. No en vano, aquellos bebés que durante sus primeros meses habían estado estresados o apenas habían recibido caricias y ternura por parte de sus padres, presentaban un desarrollo molecular anormal para su edad.

besos para el bebé

Pocas caricias=inmadurez biológica

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores tomaron como muestra a 94 bebés totalmente sanos que contaban con 5 semanas de edad. Al mismo tiempo se les pidió a los padres que llevaran un diario del comportamiento que tenía el niño a lo largo del día: cuando dormía, si lloraba mucho, si comía bien, si jugaba con los papás… Cuando cumplieron cuatro años se les tomó una muestra de ADN, y ahí es donde se pudo comprobar la cantidad de contacto que los bebés habían recibido por la composición de su material genético, ya que los que apenas habían gozado de la ternura de sus padres, presentaban una importante inmadurez biológica, es decir una edad genética menor a la que le corresponde.

Pero más allá de este estudio, y aunque a menudo nos pueda parecer una ñoñez, ofrecer caricias y besos a nuestros niños tiene una gran cantidad de beneficios. Estrecha el vínculo entre padres e hijos; refuerza su autoestima; activa las endorfinas, esas hormonas que nos hacen sentir bien y contentos; le da seguridad y confianza; les ayuda a calmarse; y hace que se desarrolle, positivamente, su inteligencia emocional.

Vía | Guía infantil
Fotos | Pixabay

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