16 mayo 2013 Desarrollo, Padres y madres

Las etiquetas y el comportamiento de los bebés
Mi bebé es: bueno, malo, simpático, reservado, huraño, desconfiado, despistado, alegre… mi bebé es un ángel o un demonio. Aunque no nos demos cuenta, o creamos que los pequeños no se percatan de nuestros comentarios, lo cierto es que son muchos los adjetivos que vamos colgando a las espaldas de nuestros niños a lo largo de su crecimiento, algo que les va a ir marcando su comportamiento y que, seguramente, afianzará su personalidad de por vida.

Las etiquetas, o esos calificativos con los que “marcamos” a nuestros hijos desde su nacimiento, son esos lastres con los que tendrá que aprender a convivir porque, al fin y al cabo, todo lo que tú digas sobre él va a ir modelando su carácter como si en tus palabras residiera la base única de su personalidad. Por eso debemos distinguir entre dos tipos de etiquetas y esas otras que se van derivando a lo largo del camino.

Las etiquetas negativas. Estas son las que, de forma más evidente, van a coartar y determinar su forma de actuación a lo largo de todo su crecimiento. La más habitual es “malo”. Pero ¿qué es ser malo? Solo debemos ponernos en su lugar. En ese momento, además de definir su forma de ser, estamos sentenciando que es así y que no puede cambiar. Con lo cual nuestro juicio, que es determinante para él, va a dejar una huella negativa, indisoluble, que le llevará por el camino que le hemos marcado.

Las etiquetas positivas. Todo lo que es positivo es bueno, o no siempre. Decir, por ejemplo, que nuestro niños es “responsable” o “muy estudioso” o “muy simpático”, le puede obligar a seguir este nivel de comportamiento durante toda su vida, incluso cuando el momento no sea del todo propicio. Algo que le puede acarrear problemas, generalmente son adultos con éxito, pero con baja autoestima.

Las etiquetas de doble sentido son aquellas que, aun teniendo un significado negativo, las aplicamos con una connotación orgullosa. Ser “travieso”, “trasto”, “diablillo” o “granuja” son adjetivos que tienen una connotación contradictoria. Con lo cual acabamos confundiendo a nuestro hijo. Entonces ¿qué tenemos que hacer?… lo de siempre, aceptarlo tal cual y como es. Según la psicóloga Isabel Gallardo, la etiqueta es una sentencia, así que antes de entrar a “etiquetar” a nuestro hijo, lo mejor será hablar y dialogar con él.Conocerle, aceptarle y, sobre todo, amarle.

Vía | Ser Padres
Foto | Alimentos para el alma

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