24 noviembre 2009 Consejos, Desarrollo, Educación, Padres y madres

esas palabrotas que nos sacan de quicio

Es sobre los dos años, más o menos, cuando el desarrollo del lenguaje de nuestro niño se encuentra en su momento más álgido. La mente del pequeño registra de diez a veinte palabras nuevas cada día, haciendo que el ‘diccionario’ que acumula en su cabeza, se vaya ampliando a una velocidad de vértigo. Por eso no es de extrañar que, entre todo el sinfín de palabras nuevas, se le cuele alguna de esas que no son demasiado convenientes.

Además el círculo social del niño se va ampliando considerablemente: escuela infantil, amigos, vecinos, la televisión… y el idioma es el modo que tenemos de comunicarnos, ampliando nuestros conocimientos y compartiendo sentimientos e ideas. Por eso intentar controlar aquello que está bien o mal, ya empieza a complicarse.

Para ello lo mejor es que mantengas una actitud firme y sin fisuras. Una palabrota es una palabra bien fea que debes evitar a toda costa. Para ello lo mejor es que le reprendas cuando la diga, explicándole que esa palabra no está bien que sea empleada por nadie, ni por sus amigos, ni por sus familiares, ni tampoco por sus héroes de la televisión. De este modo, aunque no puede controlar toda la información que le llega, sí puedes hacerlo con la que expresa y adopta como suya.

Pero no sólo nos va a servir regañarle cuando la diga, también tenemos que predicar con el ejemplo, por lo tanto vamos a evitar decir todos los tacos que, de un modo u otro, hemos adoptado en nuestro lenguaje. Ya sabemos que nosotros somos su ejemplo a seguir. También debemos evitar, aunque a veces nos cueste, reírnos ante una palabrota. A veces las dicen con tanta inocencia y con tal frescura, que parece, incluso, llena de lirismo.

Pero si consideras que su hábito ya empieza a ser preocupante, sin alterarte y sin enfados extremos, intenta pactar con él un cambio de actitud: cada día que pase y no diga palabrotas le das un punto, por ejemplo, y cuando llegue a un determinado número le compras una chuche o un juguete. También debes seguir esta evolución hablando con su profesora en la escuela para ver cómo se comporta allí.

Vía | Guía del Niño

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