17 septiembre 2009 Consejos, Desarrollo, Educación

Ensuciarse como herramienta pedagógica

A los niños pequeños les divierte ensuciarse, es una realidad, además de ser imposible que no lo hagan, ya que su motricidad aún no está del todo desarrollada y lo más importante, porque el aprehender el mundo y las cosas, les facilita el dominio y el conocimiento del mundo.

Los padres siempre albergan temores y reticencias ante el mundo de las manchas y la suciedad; como se habló ya en otro artículo, el exceso de higiene puede ser contraproducente y favorecer al desarrollo de alergias y enfermedades, por no permitir el ejercicio del sistema inmunológico. El contacto con elementos como tierra, barro, arcilla y agua, permiten a los pequeños exteriorizar emociones, tensiones y desarrollar su creatividad.

No es solamente el hecho de sentir placer por ver sus manos y su ropa sucia, sino la posibilidad de amasar algo y luego destruirlo, de crear y tocar con sus manos; estas actividades lúdicas tienen un bonus, si el padre o la madre se deciden a acompañar al niño, ya que les produce mucha seguridad y alegría ver a sus padres tomar parte activa en sus juegos, además de la emoción de verlos también sucios.

Si el niño ve que no se censura la suciedad producto del juego, el padre garantiza que el pequeño nunca se ensuciará como señal de rebeldía; es una manera de enseñarles también higiene y limpieza, porque en este caso es necesaria. Al estar en la edad de imitar actitudes, los niños querrán también lavar sus manos y dientes, al ver que los adultos lo hacen; pedirán que les den una ducha y les corten las uñas, comprendiendo que es necesario después de jugar, asegurarse de haber quedado limpio.

Para las ocasiones especiales, se les obliga a los niños a vestirse “acorde al evento” y es frecuente que terminen mucho más sucios que cuando traen su ropa de entrecasa; si se les permite ensuciarse en los momentos de juego, comprenderán también la diferencia entre este tipo de ocasiones en que le está permitido y los momentos formales en que se espera de él un comportamiento distinto. El momento de juego será propicio para que el pequeño reconozca su cuerpo, lo domine, afiance su motricidad y aprenda sintiéndose en libertad.

Fuente l Ser Padres

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