13 enero 2010 Desarrollo, Educación, Padres y madres

enseñar a los niños a compartir 2

Ya vimos en un artículo anterior como es a la edad de dos años, más o menos, cuando el círculo social de nuestro bebé se va ampliando. Los cuidados y mimos de la familia, van dejando paso a una comprensión más amplia del mundo y, por lo tanto, de las relaciones sociales. Si hasta ahora sus juguetes eran de su total propiedad, es en este momento cuando empiezan a ser solicitadas por el resto de niños y él a ser consciente de ese sentimiento de posesión que, a menudo, puede parecer excesivo egoísmo.

Todo se trata de un proceso lógico y natural pero que, nosotros, debemos apoyar con ciertas actitudes. También a ser generoso y a compartir se aprende y nosotros debemos marcarle ciertas pautas que puedan ayudarle en la convivencia con los demás.

  • Jugar con otros niños le va a ayudar a ampliar su mundo social, de este modo aprende a ceder y a darse cuenta, por sí mismo, que compartir no es tan malo ya que le permite, al mismo tiempo, a utilizar los objetos de los demás.
  • Nosotros somos el mejor ejemplo, de este modo vamos a ayudarle a que la generosidad sea un gesto natural en su vida sin necesidad de imposiciones. “Esta golosina para papá, está para mamá y esta para ti”, es un gesto que le ayudará en sus relaciones con los demás, compartiendo y negociando sin necesidad de imponer.
  • Traducir sus sentimientos. A veces el niño se enfada porque alguien ha cogido su juguete y no sabe expresarlo o prefiere callar. Lo mejor es que nos adelantemos y pongamos palabras a sus sentimientos: “sé que estás enfadado porque Arturo te ha cogido el lápiz verde, pero no te preocupes que en cuanto acabe te lo devuelve, mientras tanto puedes pintar con otro color”.
  • Calificativos negativos y críticas fuera. Lo peor que podemos hacer en estos casos es decirle frases como: “eres un egoísta” o “eres un niño malo”, lo único que conseguimos con esto, lejos de corregir la actitud es etiquetarlo para toda la vida.
  • También hay que aprender a distinguir. Existen cosas que son de todos: el sofá, el tobogán, el columpio… y otras cosas que tienen dueño, lo suyo es suyo pero lo del otro también es del otro.
  • Respetar aquellas cosas que no quiere prestar. Es importante respetarle esa decisión ya que pueden tener una carga emotiva o sentimental que le impida compartirla con los demás. También está en su derecho de no querer prestarlas.

Vía | Ser Padres

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