14 octubre 2009 Juegos y juguetes, Opinión, Otros

Los cumpleaños y los excesos
Ayer invitaron a mi niña a un cumpleaños, un compañero que cumplía tres añitos invitó a toda la clase. Me parece un gesto muy generoso por parte de los padres, y más según está la economía en este momento. No todos los niños invitados estuvieron, pero los asistentes fueron alrededor de 20 niños. Es la primera vez que vamos a un cumpleaños tan grande, hasta ahora las celebraciones habían sido más íntimas, casi familiares.

Lo primero que me llamó la atención es que, si bien todos los peques se lo pasaron en grande, lo hicieron cada uno por su lado. No jugaban entre ellos, como se suele decir estaban juntos pero no revueltos. No se puede decir que disfrutaran de la mutua compañía, aunque sí lo hacían de las atracciones. Para los niños de esa edad no hay diferencia entre ir al centro lúdico con uno o dos amiguitos o hacerlo con toda la clase, lo que les interesan son las bolas y los obstáculos.

El momento que más me ha hecho pensar fue el de entregar los regalos. En este parque infantil, no se si en todos, juntan los regalitos y se los dan al protagonista uno detrás de otro, después de la tarta. Todos los niños cumplieron con educación y llevaron su regalo al homenajeado, como debe ser. Pero sinceramente, me pareció casi bochornoso ver al pequeño abriendo un paquete tras otro, prácticamente sin prestar atención a lo que contenían. Creo que estaba superado por la cantidad de regalos que recibió.

En ese momento pensé que no quiero ver esa escena con mi niña de protagonista. Entiendo y por supuesto lo hago, que a la invitación se corresponde con un regalo pero tiene que haber una solución, un término medio entre los cumpleaños familiares y los escolares. Tal vez poniéndo a los padres de acuerdo para hacer regalos compartidos o complementarios. Se podría acordar comprarle algo especial entre todos, por ejemplo. O quizá simplemente haya que reducir el número de invitados.

¿Has sentido lo mismo?, ¿tienes una solución?

Foto | Pubarticles

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Comentarios

6 comentarios
  • Isa

    Belén, estoy de acuerdo en todo. Estamos inmersos en un materialismo increíble, y lo malo es que los niños tampoco se libran. Cualquiera de estas dos sugerencias que das, me parece mucho más coherente con lo que debe ser una fiesta de cumpleaños. Cuando se celebra en familia, pase, pero si es en plan masivo con los compañeros de toda la clase, también pienso que es mucho más sensato comprarle algo especial entre todos.
    Un saludo.

  • Belén

    Isa, gracias por dejar tu opinión, me alegra saber que somos varias las que pensamos igual. Quizá sea cuestión de proponerlo entre los padres. Un saludo,

  • Yo también pienso que tal vez hubiera sido mejor un regalo compartido. A mi hija le invitaron a la fiesta de cumpleaños del hijo de unos amigos y en la invitación ponía “No es necesario traer regalos, el mejor regalo es tu presencia”. Al final no pudimos ir así que no sé qué fue lo que ocurrió, pero igualmente yo me sentiría violenta de ir a una fiesta de cumpleaños infantil y no llevar regalo. Es complicado, sí.

  • Belén

    Mónica, a mi me pasaría igual, aunque te digan que no hace falta ¿cómo vas a ir con las manos vacías?. Sí que es dificil. Ya que casi todos se celebran en centros de ocio, podrían organizar una lista de regalos con dos o tres divididos en pequeñas participaciones. Así quien se sienta como nosotras tendría una opción aceptable. Gracias por tu colaboración, un saludo,

  • Runrun

    Me horroriza esta visión. El materialismo no es tal por que la cantidad de regalos fuese inmensa… En mi opinión una invitación es eso, una invitación. El regalo es algo voluntario. ¡Menudo esfuerzo hacemos algunos padres para hacerles posible a nuestros hijos asistir a eventos semejantes!
    No tengo el recuerdo de haber pensado JAMÁS de niña y menos aún más tarde, que si invitaba a mi cumpleaños era por los regalos. Lo importante era compartir la alegría de ese día. Lo de los regalos era accesorio. Hoy por hoy es obsesivo. Y desde luego que esa exposición de regalos me parece obscena. Mala educación.

    Hoy en día hasta las propias madres que invitan, organizan el “regalo común”… No sé si la palabra es obsceno, pero vamos… Leyéndoos me he dado cuenta de que no sólo vale no organizar asuntos así, sino que además no conviene llevarles. No creo que mis hijos vuelvan a asistir a nada similar. He metido la pata. Pero nunca es tarde si la dicha es buena…

    Gracias por la publicación.

    Un saludo.

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