1 enero 2010 Consejos, Desarrollo, Opinión, Padres y madres

hermanos

Te seguimos contando acerca de los diferentes momentos por los que pasan nuestros hijos ante la llegada de un hermanito. No todo es felicidad, pero tampoco todo es tristeza, mucho dependerá de nosotros como encaremos el tema y lo que le trasmitamos a ellos.

Como te decíamos, a pesar de que las cosas tienen su lado oscuro, también brillan y los pequeños empezaran a mostrarnos su cara más amable en el momento menos esperado. Cuando ya ha pasado algo de tiempo y se nota que el mayor empieza a encontrarse a gusto en su nuevo papel las cosas cambiaran. Le ha empezado a gustar eso de tener ciertos privilegios y, además, hasta le ha tomado cariño al bebé (y después de ese coscorrón que se pegó intentando ponerse de pie como un campeón, hasta que sintió cierto orgullo de familia y recordó la de veces que él también se cayó de frente al piso).

Luego de la identificación (este hermanito es como yo), llegará la discriminación (pero no es yo, que soy único e irrepetible). Esto permite al niño encontrar su nuevo lugar en la familia y sentirse, por fin, a gusto consigo mismo y los demás. Los conflictos no dejarán de estar ahí, pero, a partir de este momento, uno y otro se tirarán de los pelos con más amor y se dependerá frente a todos los demás.

También está dentro de las posibilidades que exista una regresión. Que vuelva a pedir teta, hacerse pis de nuevo, querer estar encima de mamá… El niño retorna a etapas anteriores cuando siente su universo y su seguridad emocional amenazada. Las regresiones son normales y hay que formar al chico diciéndole que ya es grande. Regresar a lo seguro es el único recurso que, por el momento, tiene para tomar fuerza y enfrentarse al cambio.

Vía | Para Ti Mamá

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