19 agosto 2010 Consejos, Padres y madres

Controla tus nervios cuando el bebé no para de llorar
No hay nada más maravilloso que ver sonreir a tu hijo, nada más tierno que verle dormidito y nada más desesperante que no conseguir calmar su llanto. Hay que tener nervios de acero para que no te afecte el llanto continuado de un pequeñín. Después de varias horas intentando que se tranquilice, lo normal es que tú estés más desesperado que él. Perder los nervios es algo tan común que es el principal motivo por el que se comete un tipo de maltrato, inofensivo en apariencia pero de consecuencias fatales, sacudir al bebé.

Hace un tiempo hablamos del Síndrome del bebé sacudido. Debido al tamaño de su cabeza, una simple sacudida de cinco segundos puede matar al bebé, algo más probable si golpea contra algo, aunque sea contra el colchón o una almohada. Lo que de lejos parece una barbaridad que no haríamos nunca, es una reacción demasiado habitual. Si tu hijo llora desconsoladamente actúa antes de desesperar.

Cuando llora un bebé sano hay que tratar de encontar el motivo. Puede tener hambre, el pañal sucio, gases, frío o calor, necesidad de contacto, dificultad para dormir, alguna molestia como los dientes, o el temido cólico del lactante. Revisa si todo está correcto, ofrecelé comida, comprueba su temperatura, abrázale y mécele, ponle un ruido blanco o dale un baño para intentar calmarle, etc. Si aún así no se calla, piensa que lo que es seguro es que no lo hace para molestar.

Si notas que estás perdiendo los nervios, deja al pequeño en su cuna u otro lugar seguro y tómate unos minutos para tí. A él no le va a pasar nada por seguir llorando. Date una ducha rápida u ocúpate con algo que requiera energía. Siéntate y cuenta hasta 100 o llora hasta que te sientas de nuevo con fuerzas. Ponte música, mira vídeos divertidos en Youtube o llama a alguien que pueda ayudarte, bien quedándose un rato con el pequeño o simplemente escuchándote.

Si la situación es muy habitual, lleva al bebé al pediatra para que descarte un trastorno y pide cita con tu médico de cabecera. Cuéntale lo que estás viviendo y como es tu reacción. No te de vergüenza pedir ayuda, no es nada malo y cualquier cosa es mejor que pagar el enfado con el bebé.

Foto | Flickr-Bjorn Giesenbauer

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