11 marzo 2009 Consejos, Educación

Padre e Hijo
Los niños son unos preguntones y en muchas ocasiones las preguntas que hacen son difíciles de contestar. Seguro que más de una vez esas preguntitas os han metido u os meterán en un apuro. La mayoría llegan en los momentos más inesperados, no obstante no por ello debes de sorprenderte o evadir la pregunta. Lo importante es que la medites, busques el momento adecuado y le ofrezcas una respuesta coherente.

Según la psicóloga infantil y familiar, Helena Duch, siempre puedes decir: “esto es algo importante y quiero que hablemos con calma”, pero no te olvides de retomar el tema. Si no encuentra en ti la respuesta la buscará en otra parte. Para ayudarte a enfrentarte a estas situaciones aquí recogemos unos cuantos consejos que pueden servirte de ayuda.

Lo primero que tenéis que tener claro es que el niño necesita un mensaje consistente. Para ello es fundamental es que tú, tu pareja, tu familia y todos aquellos que estén implicados en la educación del niño tengáis claros los conceptos que queréis enseñarle al pequeño. Nunca es demasiado pronto para hablar de temas difíciles con tus hijos, y menos aún si son ellos quienes te proponen la cuestión.

Para empezar a abordar un tema, pregúntale qué es lo que el niño sabe del asunto. Hay veces que tendrán unas nociones y habrá que matizarlas, pero otras muchas puede que no sepamos por dónde empezar cuando tu hijo sólo ha oído mencionar el tema y requiere una información muy básica.

A la hora de contestar es mejor que lo hagas de modo concreto, claro y breve. Es importante tener en cuenta la edad del niño. Pero, en cualquier caso, no elabores mucho la información.

La psicóloga recomienda esperar a que te haga más preguntas para ir dándole la información poco a poco. Sin embargo, si consideras que tu hijo está preocupado por algo y no se atreve a planteártelo, inicia tú la conversación. A la larga él y tú lo agradeceréis.

Es importante que no te rías, ridiculices o desmientas lo que te plantee el niño. Es probable que se expresen de forma graciosa pero en lugar de desacreditarle trata de que se sienta más cómodo para que habléis tranquilamente. Y, recuerda, estás hablando con niños y su manera de comprender las cosas es diferente a la de los adultos. ¡Ten mucha paciencia!

Vía | Todo Bebé

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