10 junio 2015 Desarrollo, Opinión, Padres y madres

Comparar bebés, una costumbre poco recomendable

Dicen las personas sin hijos que los padres somos monotemáticos y muy pesados, probablemente con razón, pero un bebé en la familia lo llena todo, desplaza cualquier otra cosa que antes considerábamos prioritaria y se convierte en el centro de nuestra vida. Nos sentimos tan orgullosos de nuestra mejor obra y nos preocupa tanto que esté sano y bien, que no podemos evitar contar cada uno de sus pequeños logros y anécdotas. Especialmente con el primero con el que todo es nuevo, sorprendente, preocupante y maravilloso.

Si se juntan dos madres (o padres) con hijos de la misma edad, podemos encontrarnos con una sana conversación sobre los peques o, con una cruenta competición entre sonrisas falsas. Entra dentro de lo normal hablar de si nuestro bebé ha comenzado a comer sólido, si ha dado sus primeros pasos o si ya domina el orinal. Lo que no es normal y en ningún caso sano es convertirlo en una carrera. Ningún niño es más o menos por empezar antes o después a hacer las cosas. Y esas comparaciones contantes pueden resultar muy frustrantes para un padre inseguro.

Recuerdo que cuando mi hija mayor era pequeña, apenas había aprendido a sentarse, coincidíamos en el parque con una mamá con un bebé de la misma edad. Todos los días su niño había hecho algo increíble y muchas veces yo ni siquiera le había dado a mi niña ocasión de intentarlo. Empecé a agobiarme un poco, no porque la niña fuera lenta sino porque yo no la estimulaba. Hasta que un día su bebé, de unos 7 meses, se había peinado solo. Es absurdo pero en ese momento yo pensé que la mía no podía porque nunca le había dado un cepillo. Pero al ir a dárselo me di cuenta de lo ridículo de la situación. Ni tenía edad para peinarse, ni eso le aportaba nada, ni yo tenía ningunas ganas de que lo hiciera sola.

Con el tiempo creo que las comparaciones son un problema para quien las hace y quien las padece. La madre que se pasa la vida tratando de poner a su hijo por encima, en realidad tiene una tremenda inseguridad. La que ya es insegura, por carácter o por primeriza, puede pasarlo muy mal pensando que no lo está haciendo bien o que su peque tiene algún problema.

Mi consejo: huye de estas conversaciones insanas y recuerda que cada bebé es un mundo, que la rapidez no dice nada de su desarrollo futuro ni de sus capacidades y disfruta de tu pequeñín.

Foto | Flickr-Tom Carmony

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