15 septiembre 2009 Consejos, Opinión, Padres y madres

¿Cómo ser madrastra o padrastro? (II)

Es importante el apoyo mutuo en la pareja, antes del nuevo matrimonio, que puedan los niños pasar tiempo de calidad con la nueva pareja de su padre o madre, conocerlo antes de que llegue al hogar, ya que si mantienen una buena relación con su padre o madre natural, siempre albergarán la esperanza de una reconciliación, antes que tener que recibir a un extraño en casa.

Es normal que durante los primeros meses, los niños cambien su comportamiento y hagan más travesuras que de costumbre, se metan en problemas o estén rebeldes, tratando de llamar la atención de sus padres, por los celos que les producen verlos manifestando afecto hacia alguien más; esta es la única manera que encuentran para exteriorizar su frustración, además del rechazo contra su madrastra o padrastro.

Mientras que los niños de pocos años se acostumbran con más facilidad a la pareja de sus padres, los niños mayores se sienten desleales para con sus padres naturales, si profesan simpatía por el extraño que está tomando su lugar; no siempre los “ex” facilitarán la situación, y hará falta mucha paciencia para adaptarse a la nueva realidad. Es indispensable la comunicación con la pareja, compartir con ella todos los miedos e inseguridades que generan los malos momentos y rechazos.

En la medida en que la madrastra o padrastro demuestre su amor y dedicación por los hijos de su pareja, logrará crear un entorno de bienestar emocional para los niños y demás parientes de su pareja, e incluso frente a la antigua pareja de su cónyuge, para quien tampoco es fácil pensar en que alguien más esté conviviendo con sus hijos.

El proceso de “reacomodación” del hogar y los lazos familiares, será lento y no conviene forzarlo; cada niño es diferente y así como puede aceptar a un nuevo integrante en la familia, llámese madrastra o hermanastro, puede costarle tiempo y lágrimas superar una ruptura en su cotidianidad y lograr armonía entre sus padres biológicos, su nueva familia y sus propios sentimientos.

Fuente l Armonía Familiar. Juan Humberto Solano

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