27 diciembre 2009 Consejos, Opinión, Padres y madres, Salud, Seguridad

ojos

Poner gotas en los ojos de los adultos no es problema, pero hacerlo en los niños no es fácil, sobre todo si son pequeños.

Los recién nacidos y bebés de pocos meses cierran con tanta fuerza sus párpados que cuesta mucho separárselos para colocar la gotita que el médico indicó.

En estos casos te sugiero acostar al bebé, tenerle la cabeza boca arriba y colocarle 2 ó 3 gotitas sobre el lagrimal donde se unen los dos párpados cerca de la nariz. Ahí se forma un posito donde las gotitas quedan sin caerse. Continuar sosteniendo la cabeza del bebé para que las gotas no se derramar y esperar a que abra los párpados. No tardará mucho en hacerlo y cuando esto pase las gotas entrarán solas en el ojo. Si así no pasa, vuelca un poco la cabeza y llegarán al ojo.

Mientras se le sostiene la cabeza otra persona tendrá que sujetarle los bracitos para que con las manos no se quite el remedio. Esta misma persona es la encargada de poner las gotas. Con una mano sostiene el bracito del bebé y con la otra le coloca las gotas.

Las piernas se dejan libres para que el niño descargue su rabia por sus miembros inferiores.

La primera vez que se le van a poner gotas no va a ser necesario este lío, pues el pequeño se queda mirando el gotero y hasta que no le cae la primera gota no se da cuenta. La resistencia comienza después.

Si el niño es un poco más grande ya se le puede explicar y hablando se consigue mucho. Lo difícil será que habrá los párpados, pero es muy probable conseguir que se deje poner primero las gotas en el lagrimal y luego él solo los abra.

Vía | Ahora Mamá

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