26 octubre 2009 Consejos, Embarazo, Opinión, Padres y madres

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Por lo general vinculamos el estrés con el exceso de trabajo de la madre y la dificultad de que pueda llevar un embarazo ‘armónico’, sin descuidar su actividad laboral. Otras veces el estrés esta asociado a la cantidad de preocupaciones que la mujer siente: una crisis en la relación de pareja, una enfermedad de algún familiar, la proximidad de una mudanza pueden ser algunas de ellas. Sin embargo, muchas veces, el estrés proviene de situaciones cotidianas.

Embarazada extremadamente preocupada
Hay mujeres con tendencia a una aflicción continua
. Este exceso de preocupación no lo pueden manejar, ya que está íntimamente ligado a capítulos de su propia historia, la relación con sus madres, por ejemplo, que influyen silenciosa y negativamente en sus embarazos. Son mujeres que están siempre listas para evitar cualquier desastre. Aquellas que piensan lo peor y elaboran catálogos de las distintas enfermedades que podrían afectarlas. Esta actitud les genera estrés.

Hijos mayores al borde de un ataque de nervios
Es natural que las mamás con hijos mayores tiendan a congojarse por el futuro de ellos. Sienten que el bebé por venir puede afectarlos
. Estos chicos mayores manifiestan cambios en sus conductas: lloran por nada y tienen lo que las abuelas llaman ‘mamitis aguada’. Si son pequeños, la mamá sigue siendo la figura de apego y necesita tenerla en exclusiva para ellos. La legada de un hermano descoloca su mundo. La mamá no debe salir a reparar todas estas crisis, porque la exceden. Hay que comprenderlos pero sin desgastarse en el intento.

El caos de las grandes ciudades
No es necesario estar embarazada para que sintamos que la vida en las grandes ciudades produce caos en nuestra salud emocional. Pero es importante saber que, durante el embarazo, la mujer está más expuesta y sensible a ellos una de las situaciones que mas estresan es el transito de las autopistas. Si conduces un auto, debes usar el cinturón de seguridad por debajo del abdomen.

Los viajes largos
Los viajes obligados o no deseados producen intranquilidad y desosiego. Si no pueden postergarse, es bueno llevar ropa cómoda, tomar agua en abundancia y tratar de pasar el mínimo tiempo sentada. Son recomendables los ejercicios en el asiento para activar la circulación sanguínea y hacer paradas cada hora y media y estirar las piernas. Estas medidas ayudan a llegas a destino con calma y sin fatiga extrema.

Fuente | Ser Padres Hoy

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