1 diciembre 2008 Consejos, Embarazo, Seguridad

Indiana Jones

Ni Indiana Jones hubiera imaginado una misión más difícil. Viajar en el transporte público estando embarazada se podría calificar de experiencia única. Lo primero de todo, es que tu barriga desaparece, aunque tú sepas que la ropa ya no te vale y que has engordado unos cuantos kilos, pues de repente, la gente no la ve (da igual que te pongas de perfil o que te desabroches el abrigo).

A esto se añade que todo el mundo o lee o duerme, por lo que ya no es que tu barriga no exista, es que tú tampoco y conseguir que alguien te ceda el sitio es tan complicado como rescatar el arca de la alianza o descubrir dónde se oculta el santo grial (aquí me gustaría a mí ver a Indi).

Además, si a esto le añades, viajar en hora punta – lo que ocurrirá a menudo si tienes que ir a trabajar – entonces tendrás que sumarle los empujones al entrar y salir del vagón, la aglomeración e incluso el calor. Vamos, ideal, sobre todo cuando te recomiendan no estar mucho tiempo de pie, ya llevas por ti misma unos cuantos grados de más en tu cuerpo (según parece la progesterona puede hacer subir tu temperatura corporal) y eres propensa a tener la tensión baja por la relajación de la pared de los vasos sanguíneos (lo que puede dar lugar a mareos).

Así, que desde aquí una recomendación y sugerencia a todos aquellos que viajen en transporte público: ¡cedan el asiento a las embarazadas!, miren a su alrededor de vez en cuando. Y a las embarazadas que ven que nadie se levanta: ¡reclamad un sitio!, ya que en todos los transportes hay asientos reservados.

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