11 octubre 2009 Consejos, Embarazo, Opinión

Adolescente embarazada, miedo a la reacción de los padres
El mayor miedo de casi todas las embarazadas adolescentes es contarlo en su casa. A veces ese temor llega a tal punto que son capaces de esconder el embarazo hasta el final y dar a luz en condiciones lamentables. Si es tu caso, hay motivos muy importantes por los que deberías hablar de tu situación por mucho que te asuste.

Cada familia es un mundo, por supuesto, pero lo más probable es que la reacción de tus padres no sea tan tremenda como esperas. Que se disgusten e incluso que se enfaden es lógico, no podrán evitar pensar en las consecuencias que tendrá un bebé en tu vida. Todos los padres tenemos sueños e ilusiones para nuestros hijos y lo normal es que no incluyan un bebé tan pronto. Sin embargo, tras el primer momento de desconcierto, incredulidad y disgusto, podrán apoyarte y ayudarte a que tu bebé y tú esteís bien.

La mamá adolescente necesita cuidados ginecológicos, como cualquier embarazada e incluso más. La incidencia de algunas complicaciones del embarazo es mayor durante la adolescencia, como la hipertensión, el crecimiento retardado del feto o el bajo peso del bebé al nacer. Cuanto más temprana sea esa atención, mejor para el bebé y la propia mamá. Desde que sabes que estás embarazada deberías tomar algunas medidas, la primera suprimir el consumo de cualquier sustancia perjudicial, tabaco, alcohol o drogas. Además tienes que comenzar a tomar ácido fólico lo antes posible y debes acomodar la dieta a tu nueva situación.

Sea para que te ayuden o para poder llevar un embarazo lo más sano posible, tus padres tienen que conocer tu situación. Las comidas en casa se podrán adecuar a tus necesidades, comprenderán el motivo de tus cambios de humor, podrás vestir sin que nada oprima tu barriga, tendrás apoyo o al menos más ideas de como afrontar la vida cuando llegue el bebé, etc.

Si te resulta imposible confiar tu secreto a tus padres, busca en la familia un adulto de tu confianza que te ayude a dar este paso. Normalmente hay una tía, un primo o una abuela con la que nos resulta más fácil hablar y que pueden aconsejarnos e incluso acompañarnos en esta situación. En cualquier caso siempre será mejor pasar el mal rato de contarlo en casa que poner en riesgo la salud de tu hijo intentando ocultarlo.

Más información | Universidad Nacional del Nordeste

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